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lunes, 19 de agosto de 2013

Talía y Melpómene

-¡Hazme caso! En esta ocasión déjame interceder a mí –la voz frustrada de la menuda y bella mujer era demandante aunque fuera solo un susurro.
                -Cállate, Talía, o acabaran descubriéndonos –trató de silenciarla otra mujer, más alta pero igual de bella.
                -Demetrius necesita inspiración bucólica, la belleza del campo, el olor de la naturaleza y el sonido de los susurros del viento –insistía Talía-. ¿No lo ves?
                -Demetrius no necesita esas tonterías, es un hombre, no un corderillo –contradijo la mujer alta rodando los ojos-. Además, ¿te olvidas de Denes? Él también forma parte de todo esto.
                -Denes es tan pesimista como tú, Melpómene, eso no te lo negaré –Talía se cruzó de brazos y miró enfurruñada a su hermana-. Pero precisamente por eso necesita un poco de la frescura del campo para alegrarle.
                -Pareces olvidar que somos musas. Nosotras no tenemos que tratar con los demonios internos de cada uno. Deja que Hades juzgue su interior cuando muera –Melpómene tiró de su hermana hacia sí y puso un dedo sobre sus labios al ver que pretendía quejarse-. Nuestra labor es inspirar, no transformar. Ahora guarda silencio, te recuerdo que este no es un encargo cualquiera.
                Talía le dedicó un gesto hosco, pero ninguna palabra más salió de sus labios. Las dos musas permanecieron juntas, en silencio sentadas sobre la rama de un frondoso roble que debía contar con varios siglos de vida.

                -Demetrius, razona. La gente está harta de los campos –decía Denes frotándose las sienes-. Pasan la mayor parte de su vida en ellos, rastrillando, regando, recolectando, alimentando ganado y mil cosas más como esa. ¿Crees que quieren que en su única forma de evasión también se cuele su tortura de cada día?
                -Hermano, eres un exagerado –rio el joven, haciendo botar sus rizos dorados-. ¿Acaso crees que tu intención de crear una historia trágica y fatalista animaría al público? Como tú has dicho sus vidas ya son demasiado duras, no entiendo tu afán por mostrarles penurias en lugar de alegría.
                Denes le miró con el ceño fruncido y descargó un ligero golpe sobre la nuca de su hermano pequeño.
                -Claro que no lo entiendes, estúpido. Ver las fatalidades que les ocurren a otros les hará pasar las suyas con mayor valentía. Verán que hay cosas peores en este mundo que ser pastores y labriegos.
                -Esa es una idea estúpida. Lo que necesitan es la alegría del amor en los campos para darles esperanza a sus corazones –Demetrius tenía una mirada risueña, que pocos metros más allá y por encima de sus cabezas, imitó la dulce Talía mientras agarraba la mano de su hermana.
                -Vas a hacerme llorar. Del horror –puntualizó Denes exasperado.
                Los dos hermanos se alejaron el uno del otro y caminaron entre los árboles del bosque donde buscaban que surgiesen sus ideas.
                -De todos modos, eso da igual. Ninguno sabe por dónde empezar. Nuestras amadas musas no nos honran con su inspiradora presencia esta soleada mañana –se burló dejándose caer bajo un pequeño roble.
                Ante las burlonas palabras del joven, Talía descendió graciosamente desde la rama, aterrizó con gesto enfadado y, poniendo las manos en las caderas, se acercó al insolente Denes.
                -Las musas no somos dicteriades, auletrides ni hetairaes que tengan que acudir a complacerte, estúpido y creído mortal –gritó ella indignada plantándose frente a él.
                Él se levantó asustado, mirando a la joven con desconfianza y estudiando sus rasgos, que normalmente debían ser dulces, frunciéndose en una mueca de enfado. Se pegó al árbol que quedaba a su espalda y levanto las manos tratando de poner distancia entre ambos.
                -¿Quién demonios eres tú y de dónde has salido? -gritó espantado.
                En ese momento Melpómene se acercó rápidamente a su hermana y, tomándola del brazo, la arrastró a un par de metros de distancia del chico.
                -¡Talía! Padre dejó bien claro que no nos dejáramos ver por el momento –riñó a la menuda musa.
                -¡Malditos encargos! Odio trabajar contigo. Siempre me encuentro con jóvenes estúpidos y sin alegría –se libró del agarre de su hermana y se alejó un par de pasos de ella-. Yo inspiro a los soñadores, amantes de la naturaleza y con amor en su corazón. No sé qué tiene eso que ver con la tragedia de tus artes. ¡Son incompatibles!
                Melpómene no se molestó en responder a los gritos de su hermana, la tomó nuevamente del brazo y trató de alejarla de los jóvenes, que se habían acercado a ellas, aunque a una distancia prudente, y observaban pasmados.
                -A padre no le agradará esto –susurró intentando hacer entrar en razón a la testaruda Talía mientras dirigía rápidos vistazos a los hermanos.
                -Me da igual –espetó ella-. Soy una musa, no una esclava.
                Un fulminante resplandor, seguido de un trueno ensordecedor, cruzó el cielo, provocando que todo el bosque se silenciase.
                -Perfecto, Talía, le has hecho enfadar –sonrió a su hermana sarcásticamente-. Ni una palabra más –indicó cuando su boca se abrió.
                Una vez el cielo recuperó la calma, la vida volvió al bosque, y los hermanos salieron de su ensimismamiento.
                -Siento interrumpir vuestra intensa discusión, ¿pero podríais explicar qué acaba de ocurrir? –preguntó Denes irritado, cosa que no agradó a las musas.
                Demetrius le reprendió con la mirada y se acercó a ellas con paso calmado, observando con sus ojos azules a las bellas hermanas.
                -Disculpad los modales de mi hermano –dijo con voz suave-. Pero nos gustaría saber quiénes sois, hermosas jóvenes.
                Talía sonrió y se zafó del agarre de su hermana.
                -Estos son los jóvenes a los que adoro –sonrió verdaderamente alegre y tomó las manos del chico entre las suyas-. Educados, alegres, divertidos, dulces y soñadores.
                Demetrius le devolvió una sonrisa, aunque su mirada estaba cargada de confusión.
                -Mi nombre es Talía –la musa rio alegremente y depositó un delicado beso en su mejilla-. Aquella estirada es mi hermana Melpómene.
                -¡Talía! –gritó ella riñéndola.
                -En el fondo la quiero, pero debería de ser más alegre –susurró al oído de Demetrius, cuya risa se musical se alzó en el ambiente.
                -Encantado, Talía, mi nombre es…
                -Demetrius, lo sé –sonrió-. Y aquel es tu hermano Denes –añadió frunciéndole el ceño a este último.
                Su respuesta dejó al joven perplejo.
                -¿Has estado espiándonos? –casi gritó Denes.
                -Por supuesto que no –se defendió Talía-. Las mus…
                -No vuelvas a decir nada más, Talía, nos vamos –trató de tirar de su hermana, pero esta se aferró al joven de cabello claro y ojos azules y se negó a ir-. ¡Talía! –gritó enfurecida.
                -Deja de repetir mi nombre, hermana, creo que ha quedado bastante claro.
                Melpómene emitió un suspiro exasperado.
                -Eritó siempre se muestra ante sus poetas, no entiendo el afán que tenéis Urania y tú por no dejaros ver. Si pretendemos que crean en nosotras no deberíamos andar siempre escondidas como hacen los estúpidos dioses –cruzó los brazos molesta y se acercó aún más a Demetrius, que la observaba sorprendido.
                De nuevo la calma del cielo se vio interrumpida por un fogonazo de luz y un sonoro trueno.
                -Cállate de una vez, acabarás enojando a todo el Olimpo –Melpómene trataba de contener las ganas de golpear a su testaruda hermana-. El don de Eritó trabaja de otra manera, ya lo sabes, y además Urania y yo no somos las extrañas por no dejarnos ver, sois Euterpe y tú las que insistís en coquetear como crías en vuestro trabajo, ¿no tenéis suficiente con Pan?
                -No pienso responder a eso –se giró indignada, dando la espalda a su hermana y enlazó el brazo con el del muchacho-. Estoy cansada de pelear. Como ya he dicho, soy Talía, musa de la comedia y la poesía bucólica –sonrió como una niña pequeña.
                -¿Musa? –esta vez el que intervino fue Denes, acercándose al variopinto y pequeño grupo que había estado observando durante unos largos minutos-. ¿Cómo las musas de las historias, hijas de Zeus y Mnemosine?
                -¿Acaso hay otra musas? –preguntó a su vez Talía.
                Demetrius miró a la dulce joven y se alejó un par de pasos, reteniendo una de las manos de ella entre las suyas.
                -¿Habéis venido a ayudarnos? –sus ojos estaban brillantes y esperanzados.
                -Claro.
                Ambos sonrieron.
                -En realidad hoy solo estábamos aquí para observar –intervino Melpómene-. Pero parece ser que mi hermana se ofendió ante las burlas de Denes.
                El mencionado agachó la cabeza, ligeramente avergonzado.
                -¿Y tú eres…?
                -Melpómene, musa de la tragedia y el drama –sonrió levemente.
                -¿El destino nos bendice con la presencia de dos musas? –exclamó sorprendido Demetrius.
                -Las Moiras no han intervenido en esto, no controlan cada detalle, por mucho que quieran hacer creer que sí –Talía rio.
                -¿Pretendes llevarles también al Olimpo, hermana? Tu lengua está demasiado enérgica hoy.
                -De acuerdo, ya no diré más -dijo no queriendo iniciar una nueva discusión.
                Repentinamente Demetrius se echó a reír, viendo en las riñas entre las musas el mismo afecto que tenía por su propio hermano, a pesar de las muchas disputas que tuvieran.
                -Tu perfecto muchacho parece reírse mucho a nuestra costa, querida hermana –dijo Melpómene en tono mordaz.
                -Oh, por favor, no empieces –contestó Talía rodando los ojos-. Juro que renunciaría a parte de mi sentido del humor con tal de que contribuyera a aumentar el tuyo, o mejor dicho, a hacerlo existente –añadió sonriendo con un ligero brillo de malicia en los ojos.
                La altiva musa no se molestó en buscar palabras con las que responder a su hermana. Se limitó a mirarla con la barbilla alta, para después acercarse, casi inconscientemente, unos pasos en dirección a Denes.
                -Será divertido tratar de poner nuestras ideas en orden con dos musas que son tan contrarias la una de la otra –espetó éste.
                -Lo dices como si entre nosotros no fuéramos igual de contrarios que ellas –dijo Demetrius en tono burlón.
                -¡Silencio! –gritó Talía con esa voz alegre y dulce que la caracterizaba-. Estoy segura de que habrá una manera de introducir vuestro terrible fatalismo en nuestra magnífica visión de la alegría campestre.
                -Sin duda hemos de temer a mi hermana –susurró Melpómenes inclinándose hacia Denes-. Creo que es, sin lugar a dudas, la más terca de todas las musas.
                Y con este último comentario, los dos amantes de la naturaleza echaron a reír, incitando incluso a sus dos contrarios amantes de la tragedia a dibujar en sus rostros unas ligeras sonrisas que darían paso a una tarde repleta de ideas y risas que los dos hermanos nunca conseguirían olvidar.



Muy buenas!! Mientras escribía este relato de las musas (que como podéis ver en este caso es de dos de ellas, las del teatro, como ya hace tiempo creo recordar que mencioné que haría), iba pensando que estaba metiendo demasiados detalles que podrían ser desconocidos si no se sabe mucho de mitología griega, así que para que no haya problemas, dejo aquí explicadas algunas cosillas:

-En primer lugar, dicteriades, auletrides y hetairaes, son básicamente las "señoritas de compañía" (para lo menos finos: prostitutas) de la Antigua Grecia. Las primeras son las de menor rango, las que podrían considerarse del pueblo llano, más asequibles. Las segundas dan sus servicios a la clase media, por lo que deducimos que sus salarios y condiciones son mejores que las que las primeras. Y las última serían las que hoy llamamos "de lujo", considerablemente parecidas a las cortesanas que a cambio de sus servicios recibían de sus protectores un lugar donde estar y una considerable cantidad de lujos, que vivían bastante bien, todo hay que decirlo.

-Lo siguiente es hablar sobre el mencionado "Pan". Es el dios de la sexualidad masculina, pero también se lo asocia con el campo y la naturaleza, es algo así como el dios de los pastores, y se dice que tocaba la flauta de pan (creo que más adelante entenderéis porque menciono esto), por lo que me pareció conveniente relacionarlo de alguna manera con Talía. Que yo conozca, no se les relaciona directamente ni hay ningún mito en el que estén implicados, pero esto lo escribo yo y me parece que en el fondo en la mitología griega todos estaban liados con todos jaja [Conclusión: que me apetecía meter datos varios de la mitología griega como me apetecía, básicamente].

-Como habréis notado, menciono el nombre de bastantes musas en este relato. Ya conocéis a Eritó, musa de la poesía amorosa, pero en este caso he mencionado también a Urania, musa de la Astronomía y Filosofía, amante de las ciencias exactas como las matemáticas. Y también se menciona el nombre de Euterpe, en este caso musa de la música instrumental, en especial relacionada con la flauta (este es el momento en el que tendrías que pensar en cierta parte del relato, en el paréntesis de más arriba y decir: Aaaah, claro!! xD).

-La creencia más extendida en el mito de las musas es que son hijas de Zeus y Mnemosine (diosa de la memoria), como he indicado en el relato, pero lo cierto es que en otra creencia algo menos extendida se dice que podrían ser hijas de Urano y Gea (ambos titanes), pero lo cierto es que esta versión no me terminaba de gustar así que me decanté por la creencia más popular, que a mí forma de pensar concorda más, ya que todos sabemos lo promiscuo que era Zeus.

Y con esto creo que he dicho todo lo que tenía que decir sobre aclaraciones jaja 

Como más información, estoy escribiendo el siguiente capítulo de Besos de Rubí, y el resto de relatos de las musas (quedan 4) no creo que tarde mucho en ir subiéndolos, espero que anden casi terminados entre septiembre y octubre (como he dicho, ESPERO jaja).

Bueno, esta entrada ya es suficientemente extensa. Si queda alguna duda, no dudéis preguntar en los comentarios.

Saludos!!

domingo, 24 de febrero de 2013

Terpsícore


-Airlia, querida, descansa ya –dijo la anciana tomando del brazo a la joven-. Llevas ya muchas horas aquí.
            -Lo sé, abuela, pero tengo que seguir, solo la práctica lleva a la perfección, y el festival a la diosa es en solo unos días –replicó ella con voz dulce.
            -Acabarás agotada.
            -No te preocupes. En seguida voy a comer, solo un rato más, por favor –casi suplicó dedicándole una inocente mirada a la anciana.
            -Está bien, niña, pero ven cuando te llame –accedió finalmente.
            -Por supuesto –aceptó depositando un beso en la mejilla de la mujer.
            La joven sonrió a la mujer y se dio la vuelta, comenzando a tararear mientras una canción de melodía lenta. Susurraba algunas palabras mientras se movía por la habitación con los ojos cerrados, balanceándose al ritmo que ella misma imponía.
            -No necesitarás tanto de mi ayuda como crees –una voz suave seguida de una risa melódica interrumpieron su ensayo.
            Airlia abrió los ojos de golpe y se giró en la dirección de la que procedía aquella voz, encontrándose con una hermosa mujer de cabello castaño vestida con una larga túnica blanca, sentada graciosamente sobre una de las sillas doradas que había en la habitación.
            -¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? –preguntó Airlia algo asustada.
            -Siempre rezando y pidiendo ayuda y cuando se os da no sabéis reconocerla –dijo jocosamente la mujer como toda respuesta.
            -¿Cómo dices?
            -Me ofendes, querida. Deberías reconocer a la musa del canto y la danza teniéndola frente a ti –dijo falsamente ofendida.
            -¿Terpsícore? –probó la muchacha.
            -Acertaste –asintió la musa sonriente, levantándose de la silla y acercándose a Airlia-. Todo va mejor ahora que nos conocemos, ¿no crees, Airlia?
            -¿Cómo sabes mi nombre? –preguntó la joven.
            -Sería muy grosero por mi parte no conocer el nombre de aquellos que buscan mi ayuda, ¿no?
            -Yo no te he llamado, no pedí ayuda a las musas –dijo Airlia confundida.
            -Puede que no directamente, pero crees que necesitas mi ayuda, querida, no lo niegues –explicó la musa.
            -Bueno… dentro de unos días comenzará la Herea*, y mi actuación debe ser perfecta. Tengo que complacer a la diosa –añadió tímidamente.
            -Oh, es cierto, querida, pretendes casar este año con aquel joven tan apuesto… Evander era su nombre, ¿no?
            -¿Cómo lo sabes? –preguntó la muchacha sorprendida por la verdad de las palabras de la musa.
            -Deberías asimilar ya que sé muchas cosas, mi pequeña Airlia. Las musas tenemos nuestras fuentes, y vemos y sabemos todo lo que necesitamos ver y saber –Terpsícore sonrió y pasó suavemente la mano por la mejilla de la joven-. Basta de preguntas, te ayudaré.
            -¿Qué?
            -Me agradas, querida. Tienes la dulzura y suavidad que el baile requiere, y aunque en esta ocasión tengas el propósito de conseguir algo, sé que hace ya tiempo que danzas por mero placer –terminó con una sonrisa alentadora.
            -¿De verdad me ayudarás? –preguntó sorprendida Airlia.
            -Eso acabo de decir –asintió Terpsícore.
            -Muchas gracias –la joven se echó a los pies de la musa con una resplandeciente sonrisa.
            -Levanta, pequeña, no soy una diosa que busque de tu adoración, aunque aprecio tu agradecimiento –rió con dulzura.
            Airlia se puso en pie y se quedó mirando a la hermosa musa con ojos brillantes y alegres.
            -¿Cómo me ayudarás? –preguntó finalmente con curiosidad.
            -Cierra los ojos.
            Airlia obedeció.
            -Ahora escucha.
            Ella permaneció en silencio y agudizó el oído, esperando por lo que fuera que tenía que escuchar. Instantes después la melodía que ella misma había tarareado minutos antes, esta vez procedente de una lira en manos de la musa, llenó la habitación.
            -Baila, querida –la instó la musa.
            Airlia comenzó a moverse lentamente, siguiendo la música que flotaba a su alrededor, bailando con cada nota.
            -Eso está mejor –la felicitó Terpsícore sonriendo.
            La muchacha continuó bailando, meciendo su cabello rubio con ritmo constante, riendo alegremente mientras notaba esa fuerza invisible que ejercía la musa sobre ella y que le daba la agilidad que poco tiempo ante no tenía.
            -No nos llevará mucho tiempo llevarte a la perfección –comentó Terpsícore-. Después del festival estoy segura de que Hera te adorará y conseguirás lo que tanto quieres –añadió con tono alentador.
            Airlia tan solo asintió, aún con los ojos cerrados, y continuó sumida en su estado de concentración, sintiendo por una vez que la diosa estaría de su parte.

*Herea: nombre de los festivales que se hacían en honor de Hera en varias ciudades del antigua Grecia donde el culto de esta deidad había sido introducido.


Pues aquí tenéis el segundo relato sobre las musas, en este caso de Terpsícore, musa del canto y la danza. Ya hacía un tiempo que lo había empezado, pero es que últimamente escribía muchas cosas y ninguna la terminaba, por eso llevo tanto tiempo sin subir nada desde el relato de Eritó. De verdad que lo siento, pero no me salía terminar nada, no encontraba finales que me gustaran. 
En un comentario me preguntó Kashmir si los relatos tienen alguna continuación o algo así, y mi respuesta es que -al menos en principio- que no. Cada musa tiene su relato, simplemente quiero dar a conocer a cada una de ellas y que "dones" tienen.
¡Ah! Y también me dijo Kashmir sobre si podía hablar algo sobre mi carrera (efectivamente estoy estudiando biología ^.^) y lo he pensado y me gustaría un montón hablaros de ello, así que me pienso sobre qué hablar y en un par de días subo una entrada sobre ello. [Si queréis, comentadme aquí que os parece que la vaya a subir]. 
Hasta aquí poco más que decir. Ah bueno, que me he teñido de pelirrojo jaja Hace ya tiempo que comentamos Kashmir y yo sobre ese color de pelo y este fin de semana he ido a ver a mis padres y a mi madre le dió el punto y quiso teñirme, y aquí estoy yo con mi pelo rojo xD

Bueno bloggeros, un beso enorme a todos ♥

domingo, 3 de febrero de 2013

Nuevo proyecto

Muy buenas bloggeros!!! :)
Pues como habéis visto en el título, tengo un nuevo proyecto!!!
No es nada demasiado especial, ni si quiera creo que se pueda llamar "proyecto" en sí xD Simplemente, estaba escribiendo hace un momento un relato algo así como mitológico, y me entraron muchas ganas de seguir con ello. Vale, sé que ahora mismo no os estáis enterando de nada, así que primero leed el relato, y ya os lo explico al final ;)

Eritó



-¿De nuevo me necesitas, Orestes? –el largo y sedoso cabello marrón chocolate de aquella esbelta mujer calló sobre los hombros de él, cubriéndolo con sus suaves rizos-. Deberías intentar hacer algo por ti mismo –añadió riendo.
            -Es solo que… -titubeó él.
            -Lo sé, lo sé –le interrumpió ella moviendo la mano despreocupadamente-. Las musas llegamos a ser casi adictivas –sonrió pícaramente.
            El hombre permaneció en silencio, sentado en un precioso diván de gasa oscura, concentrado en no acelerar su respiración y observando por el rabillo del ojo el brazo claro de la mujer, que se deslizaba lentamente a lo largo del suyo propio.
            -¿Qué es esta vez? –se sentó lentamente a su lado en el diván, dejando que su delgada túnica blanca se deslizase hacia arriba por su muslo-. Déjame adivinar… ¿Otro poema para enseñar al mundo? ¿Ganar fama y dinero?
            La mujer emitió una risa jocosa, apartándose el pelo de la cara con un rápido movimiento con la mano. Se recolocó la tiara de flores del pelo y tomó una de sus largas mangas blancas, jugando con ella y enredándola con aire sensual. Mientras tanto Orestes permanecía en silencio, las manos sudándole y el corazón palpitándole a toda velocidad.
            -¡Oh! –exclamó de repente ella-. No es eso, ¿verdad? Es algo distinto esta vez. ¿Una mujer?
            Ante el silencio de él ella continuó.
            -Oh, sí, se trata de eso. ¿El pequeño y soñador poeta se ha enamorado? –preguntó con burla, sin esperar respuesta-. ¿Sabes? Deberías intentar prescindir de mí en esta ocasión.
            -¡No! –exclamó él-. Necesito tu ayuda más que nunca.
            -Siempre me necesitarás mientras sigas convencido de que es así, Orestes –la voz de ella tomó un matiz más serio-. Tienes que aprender a prescindir de mí.
            -¿Por qué, Eritó? Yo obtengo lo que deseo, tú tienes tu pago –respondió el secamente.
            -“Pago”, odio esa palabra –suspiró la musa-. Es solo una justa compensación.
            -Lo sé, lo siento.
            Eritó se levantó del diván y caminó lentamente ante el hombre, pensando, sentándose finalmente en su regazo con delicadeza. Echó los brazos sobre sus hombros y acercó su rostro al de él.
            -Una vez, Orestes, una última vez y desapareceré de tu vida para siempre –sentenció ella mirándolo fijamente con sus ojos claros-. Lo entiendes, ¿verdad? No volveré a acudir a tu llamada. Esto tienes que conseguirlo por ti mismo.
            Él asintió lentamente, interiorizando el aviso de la musa, aceptándolo poco a poco.
            -Está bien, solo una vez más. Después trataré de seguir por mí mismo –contestó por fin.
            -Eso es todo lo que necesito escuchar –y Eritó lo beso con fuerza-. ¡Oh! –se separó rápidamente sonriendo-. Está vez toma toda la inspiración que puedas, escribe ese poema y enamórala para siempre. Recuerda que no te ayudaré más –añadió como toque final.
            Acto seguido se inclinó de nuevo hacia él y continuó besándolo con pasión.


Pues a esto me refería jaja El caso, mi idea es ir subiendo relatos sobre las nueve musas: Urania, Terpsícore, Talía , Polimnia, Melpómene, Euterpe, Erató, Clío y Calíope. El de Erató es el primero que he escrito. Aunque supongo que por el texto más o menos os lo habréis imaginado, Eritó es la musa de la poesía amorosa. Con el tiempo iré subiendo los relatos de todas ellas, mostrando situaciones en las que me imagino yo que se haya podido encontrar a cada una según de qué sean musas. Pues ya está, una vez explicado esto, espero que os gusten :D

lunes, 23 de julio de 2012

Asamblea en el Olimpo

Bloggeros y bloggeras, aquí os dejo el relato mitológico que tenía pendiente. Como no estaba muy específico qué me pedía Kashmir exactamente, he pensado que incluir a los doce dioses principales (Los Olímpicos: Zeus, Hera, Hades, Poseidón, Artemisa, Apolo, Hermes, Ares, Atenea, Dioniso, Afrodita y Hefesto) en una Asamblea en el Olimpo daría una perspectiva un poco general de cómo son y las relaciones que tienen. Pues nada, espero que os guste y que haya conseguido plasmar lo que quería. 
Saludos :)

Asamblea en el Olimpo

El ajetreado sonido de algo muy parecido a una fiesta repiqueteaba en las paredes de aquel enorme salón que parecía hecho de cristal. Enormes y lujosas columnas talladas en mármol se repartían por todo el perímetro de la estancia, dejando en el centro un gran espacio donde estaban situados una docena de hermosos tronos hechos de madera, flores, joyas, plata y otros muchos y diferentes materiales, en los que nadie estaba sentado.
-¡Silencio! –la impetuosa voz de Zeus dejó tras de sí un silencio sepulcral en la sala-. Esto no es una fiesta en la que corre la ambrosía y hablamos de trivialidades, se trata de una Asamblea, y hemos de tratar temas de importancia.
El dios entró por la majestuosa puerta de madera bañada en oro que se encontraba tras su propio trono, en el que, tras unos instantes de tensión durante los cuales Zeus caminaba y nadie emitía sonido alguno, se dejó caer con la elegancia propia de los dioses. Aún en silencio, el resto de los presentes observaban a Zeus con cierto recelo en la mirada, ¿a qué dios no le ofendía el ser silenciado? Finalmente, Hera aclaró su garganta y habló:
            -Comencemos con la Asamblea pues –dijo mientras tomaba asiento e indicaba al resto con un leve movimiento de cabeza que hicieran lo mismo.
            Una vez todos se hubieron sentado, Dioniso chasqueó los dedos, apareciendo un instante después 6 bellas ninfas vestidas con largas túnicas rosadas de una muy ligera tela que rápidamente entregaron copas de vio y ambrosía a todos los dioses. Cuando estas salieron de la sala Apolo dio dos rápidas y secas palmadas que dieron comienzo a una suave música procedente de ninguna parte en concreto, que establecía una reconfortante calma en el salón pero permitía sin problema alguna la conversación.
            -Está bien –comenzó Zeus-, todos sabemos cual es el primer punto a tratar. ¿Hera? –el dios dio entrada a su esposa con un leve asentimiento de cabeza.
            -Dioses –Hera dio comienzo a su discurso a la par que se ponía en pie-, como todos sabéis, los Gigantes han despertado, y nuestro hogar está en peligro. No se detendrán hasta haber arrasado el Olimpo y no temen nada, pues nada que perder tienen. Nuestra única esperanza es combatir hasta el último aliento, convocar a todos los dioses, ninfas y seres que puedan luchar por nuestra causa, antes de que los Gigantes destruyan todo lo que tenemos. Jamás perdonaremos a Gea su afrenta hacia nosotros y, si vencimos a los Titanes, seremos capaces de enfrentarnos a todo.
            Cuando Hera finalizó su pequeño discurso los dioses estallaron en vítores y aplausos, exceptuando a Zeus, quien tomó lugar junto a su esposa y alzó la mano para acallar los gritos.
            -Mi esposa está en lo cierto –admitió el dios-. Vencimos a los Titanes y venceremos a los Gigantes cueste lo que cueste.
            -Pero padre –dijo Atenea repentinamente-, el oráculo anunció que los Gigantes no pueden morir a manos de un dios –su voz sonaba firme pero tenía un deje de preocupación.
            -¿Entonces quién podría acabar con sus vidas? –preguntó Poseidón con sorna-. ¿Acaso creéis que los mortales pueden vencerles? Ni aunque fuera un solo Gigante podrían matarlo, y menos sabiendo que los Gigantes tienen el apoyo de Gea.
            -Maldita Gea –espetó con furia Ares.
            -Sí, maldita ella y maldito ese brebaje que creó –añadió Hades con el rostro ensombrecido-. Si los Gigantes lo encuentran será imposible del todo vencerlos –dijo casi gritando.
            -¿Brebaje? –preguntaron Afrodita y Hefesto a la vez, hecho por el cual se miraron con odio y recelo. El resto de dioses los miraron y reinó el silencio.
            -¡Basta! –gritó Zeus enojado-. Vosotros dos –señaló a Hefesto y Afrodita-, no comencéis una guerra sobre engaños en este momento. Dejad las infidelidades en el pasado.
            -Él es el que más sabe sobre ello sin duda –susurró Artemisa con humor al oído de su hermano Apolo.
            -¡Artemisa! –la reprendió este, a lo que ella respondió rodando los ojos y encogiéndose de hombros.
            -He dicho basta –repitió Zeus enviando una mirada de advertencia a la diosa-. He puesto fin al problema del brebaje. Nada puede hacer inmortales a los Gigantes ahora –aclaró con más calma en su voz.
            -¿Cómo? –dijo Hermes, quien hasta entonces había permanecido en silencio.
            -Con la ayuda de Helios, Selene y Eos –contestó Zeus-. Ya solo necesitamos encontrar un mortal capaz de derrotar a los Gigantes, y deprisa, antes de que consigan llegar al Olimpo.
            -¿Un mortal? ¿Te has vuelto loco? Ningún mortal tiene la fuerza necesaria para enfrentarse a ellos –dijo Ares sonando enojado.
            -Ni la fuerza ni el valor –añadió Atenea.
            -Cierto, un simple mortal no vencerá a semejantes oponentes –admitió Poseidón-. Y los Gigantes no pueden morir a manos de un dios –caviló en voz alta-. Pero nadie dijo nada de un semidios –sentenció con una ligera sonrisa asomando entre sus labios.
            -Buen pensamiento, hermano –asintió Hades.
            -¿Un semidios? –preguntó Afrodita con interés-. ¿Cómo quién?
            -Nauplio, Hipotoonte, Pelias y Neleo son hijos míos –dijo Poseidón-, y, por tanto semidioses –sentenció con calma.
            -Tienes suerte de que Anfítrite no se encuentre en la sala o sufriría un desmayo –bromeó Dioniso a sabiendas del débil y frágil carácter de la diosa.
            -No mentes a mi esposa –dijo Poseidón con un deje amenazante en su voz.
            -No nos desviemos del tema –interrumpió Atenea tratando de evitar un enfrentamiento-. Tus hijos no son lo suficientemente fuertes –dijo sin malas intenciones mirando a Poseidón.
            -¿Entonces? –preguntó Hermes con preocupación.
            -Zeus –dijo Hades como toda respuesta, por lo que todos excepto Hera dirigieron al mentado miradas interrogantes.
            -Heracles –resolvió Hera aún sin levantar la vista y destilando un profundo odio en su voz.
            -Sí, él podría vencer a los Gigantes –dijo Atenea.
            -Y serás tú quien le de aviso de lo que debe hacer –informó Zeus a la diosa-. Parte ya, hija. Con premura.
            -Como desees –asintió ella, saliendo un instante después por la puerta.
            Cuando la puerta se cerró, el silencio reinaba en el salón. Los once dioses que allí había permanecían sentados, con una mirada seria en el rostro mientras cavilaban interiormente sobre la guerra que pronto tendrían encima.
            -Solucionado esto pues –Zeus rompió el silencio-, pasemos a temas de menor importancia.
            -Claro –contestaron a su vez los demás tomando posturas más cómodas en sus tronos.
            -Tengo entendido que tenemos a una ninfa transformada en osa por designio de nuestra intrépida Artemisa –dejó caer Hades con una sonrisa pícara en su rostro, sabiendo que sus palabras habían sido la llave para abrir la puerta a un nuevo enfrentamiento.
            -Cierto –dijo Hera con una punzada de dolor y resentimiento en la voz-. Una desgracia para otra de las amantes de mi esposo, como no.
            Y tras estas palabras se desató el caos. Pero nadie le dio mayor importancia. Siempre surgían problemas cuando se mentaban a las amantes de Zeus y sus bastardos, esto solo sería uno más a añadir a la larga lista de engaños del dios.

sábado, 12 de mayo de 2012

Eros y Psique


A ver!!! Que hoy tengo unas cuantas cosas que decir, y la primerísima de todas es....
El relato de Psiqe y Eros está terminado, YES!!! así que nada, Kashmir, ya lo puedes leer tranquilamente =)
Mi tardanza he de decir que es porque estoy hasta arriba de exámenes finales, porque en Junio tengo la selectividad y no me sobra el tiempo precisamente, y encima mi imaginación está al mínimo xD (Por eso mismo no me termina de convencer del todo como me ha quedado >.<) Pero bueno, algo hay que subir y hay trozos que me encantan, trozos que no... veremos jaja Es lo que tiene haberlo escrito en días distintos.Pero nada, aquí está y punto, he acordado conmigo misma que no volveré a decir que subiré un relato en "X" día porque luego nunca lo cumplo, siempre me surge algo, me falta tiempo o tengo que estudiar >.<
Ah! y os dejo AQUÍ el enlace al mito para que os lo leais si queréis, no es igual igual, porque he leído de varias páginas y he acomodado un poco a mi gusto. Y bueno pues od dejo este otro enlace AQUÍ, ya entenderéis porque jaja Y nada... tened en cuenta que estos son los nombres griegos, los romanos pues a lo mejor tiene alguna variación, como en el último enlace, haced click, cuando esteis ya ahí, en Voluptos y así investigais un poquito.
Y bueno después de mi aburrido monólogo os dejo el relato, porque creo que no tengo nada más que decir y si lo tengo pues ya escribiré otra entrada xD
Un beso enorme!!!!!! =D


Eros y Psique

Maldita mortal. Si no fuera por el poder divino, tiempo hace la habría dado muerte” pensó Afrodita al descubrir que Psique había superado con éxito la tercera prueba que le había sido encomendada. La diosa se recostó sobre un hermoso diván hecho de oro y seda mientras deslizaba sus finos dedos por su sedoso cabello tratando de buscar una forma de acabar con su no deseada nuera.
-Esta vez no fallaré. La naturaleza no podrá ayudarla ahora. Conseguiré destruirla –dijo en voz alta para sí misma-. ¡Soledad! ¡Tristeza! Traed a la mortal ante mí.
Tras esto las dos criadas marcharon obedientes a buscar a Psique, quien aguardaba pacientemente a que la diosa mandara otro absurdo encargo con el que sabía que solo quería conseguir su muerte. Tras arrastrar las dos criadas a la joven ante la hermosa diosa, esta se puso en pie y se acerco a ella contoneando sus curvas y dejando ver sus largas piernas entre la fina seda que era su toga.
-Bien Psique. Está será tu última prueba. Tu hermosura y la debilidad que causas en los dioses te salvaron en las anteriores. Pero esta vez tu belleza no será de ayuda  –dijo Afrodita con la voz cargada de odio-. Debido al daño que causaste en mi hijo, mi belleza se ha deteriorado por atenderlo y cuidarlo. Ve al Inframundo y pídele a Perséfore que te entregue un poco de su ungüento de belleza para mí. Toma –añadió entregándole una hermosa caja de oro en la que debía transportar aquello que había demandado la diosa.
-Como gustes –dijo Psique secamente, y acto seguido salió de la estancia mientras su cabeza daba vueltas sobre cómo conseguir cumplir su última tarea. Tras horas pensando y estando al borde del llanto, la joven solo pudo pensar que la forma más fácil de llegar al Reino de los Muertos era ser uno de ellos, y por ello decidió morir lanzándose desde lo alto de una torre. Decidida a cumplir con su último encargo subió a la torre más alta que allí había y miró hacia abajo, reflexionando sobre los acontecimientos que se cernían sobre ella.
-Si tan solo no fuera tan hermosa… no habría despertado desde un principio la ira de Afrodita. Y si no hubiera escuchado a mis hermanas… seguiría reposando junto a mi amado cada noche –reflexionó Psique con gran pesar-. Pero nada de esto puede cambiarse, la única solución es conseguir cumplir el último encargo –sentenció para sí misma finalmente, ya dispuesta a arrojarse hacia una muerte segura.
-Apacigua tu mente, querida –una voz procedente de la propia torre detuvo a la joven de lanzarse al vacío-. Para llegar al Inframundo hay una forma de acceso más fácil que la muerte. Si  mueres nunca podrás salir del Inframundo y no podrás dar a luz a ese hijo que albergas en tu vientre. Escúchame atentamente, yo te guiaré hasta Perséfore.
Siguiendo las indicaciones de la torre, Psique llegó hasta el lugar indicado, la entrada al Inframundo, llevando consigo dos monedas de oro y dos pasteles de cebada. La entrada era oscura y lúgubre, pero para la joven esto era de suponer, pues jamás nadie pensaría que la entrada al Reino de los Muertos fuera de otro modo. Psique recorrió el oscuro corredor decididamente, y al llegar al final de este encontró al enorme y temible perro de tres cabezas, Cerbero, custodiando la entrada. Las palabras de la torre se repitieron en la cabeza de la joven: “Tu primer reto será enfrentarte a Cerbero. Solo conseguirás eludir su vigilancia arrojándole uno de los pasteles de cebada, el otro lo necesitarás para salir de allí. Cuando las cabezas estén disputándose la comida, corre”. Y así lo hizo ella, deslizándose por la entrada cuando las cabezas estaban demasiado ocupadas peleándose por el pastel como para advertir su presencia. Tras esto siguió su camino, ya algo más convencida de que sería capaz de superar la difícil prueba, y aligeró el paso con la intención de conseguir cuanto antes cumplir su cometido para salir de aquel lugar. Al poco se encontró frente a un ancho río de aguas oscuras y profundas que sugerían muerte y recordó así la siguiente indicación de la torre: “Tras eludir a Cerbero tu camino te llevará hasta el río Aqueronte, dónde debes entregar una de las monedas a Caronte, quien te llevará hasta la otra orilla”. Y de nuevo siguió la joven el consejo y subió a la barca para atravesar el temible río, sintiéndose algo temerosa durante su viaje con el barquero. Mientras, otra advertencia de la torre acudió a su mente: “Y sobre todo, no te entretengas con nada ni nadie, o jamás saldrás de allí”. Psique estaba confusa ante este último consejo, ¿con quién podría entretenerse en el inframundo? El barquero no parecía muy hablador y le había quedado claro que de Perséfore solo debía aceptar aquello que iba a buscar y rechazar todo tipo de lujos, pero no sabría a quien más podría encontrarse en un lugar como aquel. Y en esos pensamientos estaba sumida cuando una voz angustiada la distrajo de sus pensamientos. Dirigió la vista hacia la procedencia de semejante agonía y vio a un hombre ahogándose en el río. Su primer impulso fue el de ayudar a aquel pobre desdichado pero entonces recordó la advertencia y la comprendió, nada ni nadie debía entretenerla o no saldría de allí jamás. Así es como, aún con cierta angustia en su pecho, llegó a la otra orilla y bajó de la embarcación, con la esperanza de que su viaje terminara pronto. Tras no mucho tiempo de caminar la joven encontró a tres Tejedoras del Destino, pero de nuevo les denegó su ayuda, pues sabía que quedaría atrapada en sus redes.
Cuando la desesperanza comenzaba a hacerse paso en Psique, la entrada a la estancia dónde se encontraba Perséfore se alzó ante ella misteriosa y esplendorosa, provocando una leve sonrisa en el rostro de la joven. Avanzó unos pasos y entró decidida en aquella enorme habitación de aspecto lujoso, donde la bella Perséfore y una mesa repleta de suculentos manjares aguardaban su llegada.
-Buenos días querida, veo que conseguiste llegar hasta aquí. ¿Qué te ha llevado a presentarte ante mí? –la voz de Perséfore destilaba orgullo y un matiz regio que casi consiguió amedrentar a su visitante.
-Afrodita desea que le lleve un poco de tu ungüento de belleza para reparar su cansado rostro por atender a su hijo Eros –dijo Psique automáticamente acordándose de las palabras de la diosa y entregándole la caja.
-Claro, tan solo espera un momento –aceptó la mujer, para después desaparecer tras unas pesadas cortinas granate, por las que escasos segundos después regresó-. Entrégaselo a Afrodita. Y recuerda no abrir la caja. ¿Entendido?
Psique se limitó a asentir.
-Ahora, ¿qué te parece si me acompañas y degustamos las delicias que hay en mi mesa? No podría comer yo todas –Perséfore sonrió.
-Lo siento, pero tengo que entregar esto cuanto antes. He de declinar tu amable ofrecimiento –se negó Psique recordando las palabras de la torre-. Ahora debo irme.
Y así la joven salió de la estancia con una leve reverencia sin dejar que la mujer insistiera en su ofrecimiento. Corrió tan rápido como sus pies se lo permitieron y deshizo el camino que antes había seguido, ignorando a todo aquel con el que se cruzaba y llegando de nuevo al río, donde de nuevo pagó a Caronte para montar en la barca, de la cual bajó también con premura hasta llegar de nuevo a la entrada del Hades, donde repitió el proceso con el temible Cerbero y huyó de allí con toda la ligereza que sus pies le querían dar. Cerca de la salida se encontraba ya cuando detuvo su marcha para regularizar su respiración y se apoyó en un leve saliente de roca a descansar. Volteó la cajita en sus manos mientras su pulso recobraba la normalidad y entonces una idea surgió en su cabeza: tras tanta agonía y días de llanto su cara debía de mostrarse terrible. Y fue entonces cuando la curiosidad la venció y abrió la caja con el objetivo de tomar solo un poco para verse bella ante su amado Eros.
En cuanto la joven miró en el interior de la caja el sueño estigio la golpeó rápida, eficaz y violentamente, haciendo caer a la muchacha como si de un peso muerto se tratase. En esto, su amado Eros, ya más recuperado de su dolor, se dirigió apresuradamente hasta la entrada del Hades, donde encontró a su amada Psique inconsciente, débil y expuesta bajo los efectos de la adormidera que la caja contenía. El joven apresó la adormidera de nuevo en la caja y despertó a su esposa suavemente, con un ligero roce que hizo a Psique abrir sus ojos lenta y pesadamente, encontrándose al abrirlos al ser más bello que hasta entonces había visto. Eros la ayudó a incorporarse y ambos partieron rumbo hacia Afrodita, quien aguardaba con cierta satisfacción la posible noticia de que había conseguido librarse de su no deseada nuera. En este pensamiento se encontraba cuando vio llegar a ambos y la imagen que vio la dejó desconcertada, era posible que su hijo y aquella mortal de verdad se amasen, como diosa del amor y la belleza debería de haber sabido algo así desde un principio, y en su fuero interno reconoció que había errado en sus actos, pero eso era algo que la bella y altiva Afrodita nunca admitiría, así pues calló y los observó llegar.
Eros decidió exponer su caso ante Zeus, pues deseaba pasar la eternidad junto a su amada. El dios intercedió por él y mandó convocar una asamblea, donde se decidió otorgar la inmortalidad a Psique y celebrar un esplendoroso y copioso banquete para celebrar la unión entre los jóvenes. La suave pero frenética danza de Afrodita culminó aquella alocada fiesta en la que la ambrosía se deslizaba dulce y adictiva por las gargantas de todos los presentes, deleitando sus paladares y almas.
Tiempo después de dicha celebración el embarazo de Psique llegó a su fin, dando así a luz a una hermosa niña, bella como ninguna, que embaucó a todo el Olimpo con su delicadeza y dulzura. La llamaron Hédone, voluptuosa y sensual como ninguna.


¿Os ha gustado? Pues dejad un comentario, que esto se ve muy vacío ;)

martes, 3 de abril de 2012

Diana y Orión

Bueno, como he puesto en un twit, me ha dado por sacar del baúl de los recuerdos una antigua "pasión": la mitología. La verdad es que siempre me ha gustado y hacía ya bastante que no me dedicaba a escribir sobre mitología así que me pareció que el mito de Diana (Artemisa, es que me gusta m´s el nombre romano jaja)  y Orión estaría bien. El caso esque hay varias versiones del mito:
Una de ellas es que Orión violó a una de las seguidoras de Diana, y esta como castigo hizo que un escorpión lo matara y ambos quedaron como constelaciones el el cielo.
La otra dice que Diana esta enamorada de Orión, y su hermano Apolo sentía celos de ello, por lo que mando lejos a Orión y reto a Diana a acertar en un punto del mar, que por supuesto ella acertó. Y como allí se encontraba Orión, lo mató.
Ninguna de las dos versiones me terminó de convencer así que hice una propia jaja Espero que guste. Un beso =)



-¡Diana! –la voz de Júpiter perturbó los pensamientos de la diosa.

-Padre –dijo ella como todo saludo.

-¿Es cierto lo que se dice en el Olimpo? –la voz del dios era autoritaria, una voz que se hacía respetar, pero que en aquellos momentos Diana no temía y ni tan siquiera conseguía perturbarla.

-Muchas cosas se dicen en el Olimpo, padre, ¿a cuál de ellas en concreto se refiere? –preguntó ella despreocupadamente, esquivando dar una contestación que sabía tarde o temprano tendría que salir de sus labios.

La paciencia de Júpiter iba consumiéndose como la madera en una hoguera, pero no permitiría que acabase con su templanza, no ella. Mientras, la bella diosa ignoraba deliberadamente la presencia de su padre. Ante su actitud, el dios optó por actuar con su faceta más comprensiva, algo no muy habitual en él.

-Orión –dijo con un tono de voz entre lo compasivo y lo respetable.

-Nada ocurre con Orión. Murió, esa es toda la historia –dijo Diana sin que ningún signo de tristeza, arrepentimiento o nerviosismo perturbara su tono de voz o su rostro.

-Eso es algo que ya sabe todo el Olimpo, Diana. El porqué de su muerte es lo que destruye la paz de nuestro hogar –el dios comenzaba a ofuscarse ante la indiferencia de su hija.

-Yo no pido explicaciones de los castigos que decide ejercer el resto con los mortales. No seré yo quien comience a justificar mis actos –dijo descaradamente y sin temor a las posibles represalias-. Y si la paz abandona el Olimpo, desde luego no será por mí, no soy yo quien inventa y cuenta rumores.

Y tras estas últimas palabras Diana se levantó del tronco dónde estaba sentada y se alejó de su padre mientras su fina túnica de color escarlata ondeaba tras ella, dejando a la vista sus largas y estilizadas piernas, así como gran parte de su muslo izquierdo. Su andar era ligeramente rápido, pero sin perturbar su respiración o dejar entrever que estaba ejerciendo algún esfuerzo por continuar con aquel ritmo. Sus pies apenas tocaban el suelo, y ni un solo ruido por su parte irrumpía en la tranquilidad en la que estaba sumido el bosque, algo que sin duda solo había podido adquirir en las muchas horas de caza a las que se dedicaba diariamente. Cuando se había alejado lo que ella consideró suficiente para esquivar durante algún tiempo las insistentes preguntas de su padre, Diana se dejó caer al lado de un roble, mientras los recuerdos de aquel día volvían a su mente:

“Unos chillidos que repentinamente fueron ahogados rompieron la concentración de la diosa, quien estaba en el bosque siguiendo la pista de un magnífico ejemplar de ciervo al que llevaba cerca de una hora siguiendo la pista. Su puntería era infalible y su don para encontrar el rastro de sus presas inmejorable, pero aquella tarde, que pronto se tornaría en noche, sus pensamientos volaban hacia el joven Orión, aquel bello y jovial mortal que la había hecho replantearse su eternamente importante promesa de no contraer matrimonio. Guiada por el bosque y los gritos ahogados que ya apenas se escuchaban, la diosa llegó hasta una zona cercana al río, aquel en el que algunas veces se bañaba y descansaba en armonía con la naturaleza, pero lo que allí encontró no armonizaba con la naturaleza en absoluto y despertó la implacable furia que caracterizaba a los dioses.
Ante ella encontró a una de las preciadas ninfas de su séquito luchando contra un hombre que se encontraba a horcajadas sobre ella, en una posición en la que claramente se veía la intención de violar a la criatura, si es que no lo había conseguido ya. Cuando el hombre levantó la cabeza, Diana pudo observar con total claridad que se trataba de Orión, aquel por el que instantes antes perdía su concentración en el bosque. A su alrededor el viento bramó, los árboles se zarandeaban violentamente, sintiendo el huracán interno que golpeaba a la diosa, mientras los animales corrían y se refugiaban de una furia que sabían sería implacable.

-Maldito seas Orión eternamente. Por tan deplorable acto morirás a manos de un escorpión y una vez mueras sufrirás su persecución hasta el final de los tiempos en el firmamento –escupió la diosa con odio, mientras su divino poder cumplía con la maldición anunciada al joven.

Los ojos de este mostraron un infinito terror cuando toda la furia de la diosa lo golpeó y aquel escorpión que ella había anunciado hundió su mortal veneno en su carne. La horrorizada ninfa huyó de la escena tan pronto como se liberó del agarre de Orión y este rogaba por su vida mientras el rencor, el odio y, hasta los celos, envolvían a la diosa en una caótica pero increíblemente bella espiral que creaba una imagen todopoderosa.
Cuando todo terminó el cuerpo de Orión desapareció, desplazándose su alma a las estrellas, donde se formó una constelación a la que poco después siguió la de Escorpio, pues, como dijo Diana, se vería obligado a huir eternamente del escorpión en el firmamento.”

-Hermana –la voz de Apolo se coló entre los tortuosos pensamientos de Diana, con un tono compasivo y preocupado.

-Estoy bien. Volvamos al Olimpo –dijo ella como toda explicación. Y tras esto ambos se alejaron lentamente en un silencio triste y pesado.