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jueves, 30 de enero de 2014

La Reina de Hielo

Ya no negaré mi culpa, ya no me agazaparé tras mi grueso escudo de indiferencia fingiendo que lo que hay a mi alrededor no me afecta interiormente. Pero nunca cargaré con el peso de las acciones de otros, porque ya pesan bastantes las mías propias, y nunca dejaré que se me acuse de todas aquellas cosas que se me adjudicaron por estar al margen de todo y todos. Porque a pesar de ser una extraña en mi propio mundo, de vivir alejada de la realidad de los demás, aun así, seguía siendo el centro de todo. Si me dañé más a mí misma que al resto, si me hirieron más que a nadie, si todo mi perfecto y bien estructurado castillo de naipes se derrumbó porque las bases se esfumaron… ¿qué esperaban que ocurriera? Cuando todo en la vida se te da con un mero chasquido de dedos, una sonrisa coqueta o la cantidad justa sacada de una cartera más cara que la casa de aquel pobre, pero aun así alegre, chico de la tienda de la esquina del barrio más humilde de la ciudad, ¿en qué pensaban que podría convertirme?
Había vivido del odio y el dinero tanto tiempo que cualquier otra existencia parecía vacía y carente de sentido, cuando era la mía propia la que debería exterminarse para no generar personas como las que éramos mis seres cercanos y yo. Y es que cuando la suerte se acaba, o un inteligente inspector, demasiado joven e intrépido para ser consciente de que debe temer a los poderosos, se mete de por medio, el sendero que parecía que seguiría siempre igual, recto, sin perturbaciones en el camino, toma un brusco giro de 180 grados y te deja tirado sobre el asfalto con poco más que un armario lleno de ropa de diseño a la que te aferrarse por la vida perdida y montones de maquillaje con los que ocultar las ojeras causadas por esas horas de sueño faltantes que han sido sustituidas por largas horas de llanto. Pero no todo queda ahí, no, porque todos hemos sido siempre conscientes de cuál era el pegamento de nuestras muchas relaciones, pero cuando éste se va… no queda nada de aquello de un día llamamos, muy erróneamente, amistad.
Pero la sencillez nunca fue para mí, y me negaría una y mil veces a agachar las orejas y esconder el rabo entre las piernas ante mis antiguos compañeros de fiestas o ante aquellos pobres desgraciados de los que nos reíamos día tras día cuando mi vida estaba en pleno apogeo.

Al fin y al cabo, asumo mi culpa, admitiré que hice tanto mal que yo misma no me perdonaría si no siguiera siendo una estúpida narcisista con complejo de princesa, pero no aceptaré que yo misma forjé mi forma de ser. Y es que, me llamaron La Reina de Hielo, pero nadie quiso darse cuenta de que el hielo se derrite cuando hay calor a su alrededor.

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¡Buenas! Solo decir que este relato se me ha ocurrido por algo que leí hace ya tiempo, aunque no era exactamente así la historia, de hecho tenía un final muy bonito, pero me ha dado por irme por la parte "negativa" de lo que podría haber ocurrido xD El caso, que estaba dándole vueltas a eso que leí y se me ocurrió porque sí escribir esto, a ver si en breves puedo subir BR, que me queda la mitad del capítulo, más o menos.

Saludos♥

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Empiezan los exámenes

¡¡Muy buenas!! Bueno, pues ahora mismo estoy entrando al primer examen de recuperación. Me imagino que estaré nerviosa a más no poder y tratando de recordar que es necesario invertir una matriz para sacar su constante en un sistema (en serio, necesito acabar ya con esto, mi cerebro esta hecho de números y letras estos días y va a estallar xD).
El caso, que programo esta entrada porque parece que cuando menos tiempo tengo más necesidad siento de escribir, así que hace un par de días se me ocurrió un relatito, nada muy largo ni muy importante, solo algo para mantener el blog vivo. Así que deseadme mucha suerte y aquí os dejo lo que he escrito (que por cierto carece de título porque ninguno me terminaba de gustar, si se os ocurre alguno me encantaría que lo comentarais :D) Un saludo♥


Tú, extraño morador de mi interior, que te crees con derecho a retorcer mis entrañas. Tú, que te ves con derecho de ostentar el poder de controlar mi corazón. Tú, que estás convencido de que no habrá consecuencias por tus acciones egoístas. Tú, sí, tú, ese desconcertante ser que se deslizó por mis poros como un veneno.
¿Y realmente quién crees que eres para instalar una bomba en mi interior y llevarte el detonador contigo? ¿Por qué te crees con derecho de arrasarme desde dentro como si fuera de tu propiedad? ¿Cómo eres capaz de mostrar un egocentrismo así? Tan grande como el universo mismo.
Y estás muy equivocado al pensarte el Sol alrededor del cual giran los planetas. Yo no soy tu Venus particular, casi tan ardiente como Mercurio pero lo suficientemente lejana para verte en la necesidad de atraparme, no. Soy yo la que posee la atracción, la imperturbable que no se mueve de su lugar. Y si de centros hablamos eres tú el que gira alrededor, sin oportunidad de deshacerte de mi influjo. Eres la Tierra que necesita de mi calor para subsistir, pero absorbes mi energía apagándome poco a poco. Esa es nuestra triste realidad. Y cuando mi luz se apague, tú dejarás de existir, todo será cuestión de tiempo, y el tiempo nunca se detiene.
Y hasta entonces, sigues debilitándome desde dentro, tomando cada pedazo de mi ser para fortalecer el tuyo. Pero nunca olvides que los trozos disparejos nunca resultarán encajantes, nunca reconstruirás tu interior deshaciendo en pedazos el mío. No hay posibilidad de recuperación para ti, y te regocijas en mi destrucción, infame ser de negro corazón.
Pero llegará el día en que mis entrañas ahoguen tus carcajadas de satisfacción, llegará el día en el que esta fatal necesidad de ti deje de dirigir mis pensamientos, relegándote al rincón más oscuro y profundo de mi mente. Porque esta lucha interna que se libra en mi cuerpo tendrá un final, y la parte más sensata, la conoce la verdad sobre ti, prevalecerá en esa absurda guerra en la que le impuso a participar la parte más estúpida de mí, por muchas batallas que pierda, por mucha veces que el deleite quiera prevalecer ante mi sensatez.
Y es que soy solo una diminuta estrella en la inmensidad del universo, pero este Sol no necesita de esa Tierra, y mi interior no necesita de tus falsas promesas. Tan solo dejaré que robes fragmentos de mi ya maltratado y destrozado corazón, pero nunca te apropiarás de mi alma.
Porque será ella la que te aplaste cuando todo llegue a su fin.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Puede ser


Puede que me enamorara de tus brillantes ojos grises y tu sonrisa pícara. De la forma en la que inclinabas la cabeza para mirarme con suspicacia. De tu pelo alborotado y sin control, de ese color moreno que lanza destellos tan negros como el ónice a la luz del sol. Incluso puede que me encaprichara de la forma en que tu brazo se movía de forma protectora alrededor de mi cintura. De tu piel morena contrastando con la mía clara y de la forma en que tu mano encajaba sobre la mía. Y sé que echaré de menos perdernos entre las sábanas, la sensación de tener tus labios sobre los míos, la adrenalina corriendo por mis venas mientras hacemos una de nuestras tantas locuras… Y es cierto que puede que el alma se me rompiera en pedazos observando como te alejabas de mí, sabiendo que no había marcha atrás, que el tiempo no daría la vuelta y nos regalaría otra oportunidad para intentar hacer funcionar todo mejor. Quizás no mereciéramos más oportunidades, o quizás habría sido inútil dárnoslas, porque las cosas volverían a suceder igual. Y es que es posible que creyera que no volvería a sentir nada igual, que no podría mirar a otro con los mismos ojos con los que tantas veces te observé a ti.
Y es que, sí, es posible, o más bien probable, que todo eso ocurriera, que no fuera tan fuerte como parecía serlo, que cada noche se deslizaran las lágrimas por mis mejillas, lentas y cálidas, mientras mil y un suspiros salían de mis labios. También probablemente, me preguntaría a cada instante si por cada 100 lágrimas mías derramarías tú una sola, y si la sonrisa que veía a lo lejos pintada en tus labios no era más que una falsa máscara de felicidad. Seguramente deseé que así fuera, ¿quién quiere ver la felicidad en un rostro ajeno cuando el tuyo propio se desfigura por el dolor?
Nada es eterno, ni tan siquiera el dolor, y si todo lo anterior fue o no vedad, ya no lo recuerdo. Porque abrazar, besar, sonreír, amar… no es tan difícil si tienes la paciencia de darle tiempo al tiempo. Y tú recuerdo me acompaña cada día, sí, y espero que el mío te acompañe de la misma manera. Porque ¿y qué si uno nunca puede dejar de amar? ¿Qué si simplemente entierras el amor bajo capas y capas de olvido? Puede que un clavo no saque otro clavo, de hecho, probablemente lo entierre más profundo, lo suficientemente profundo como para ignorar su presencia, quedando solo con la sensación de ese nuevo clavo presionando en tu mente. En los pozos más profundos se guardan los tesoros más preciados, cosas tan valiosas o poderosas que no es recomendable permitir que salgan de ahí.
Y es que sí, admito que me enamoré de ti, y que demasiadas veces he deseado volver a suspirar entre tus brazos. Siempre lo deseé, siempre lo desearé. Como uno de esos sueños imposibles que derivan en amores platónicos, amores imposibles con los que solo se te permite soñar. Pero no impedirá eso que continua hacia delante, porque ¿quién sabe si en realidad me enamoré de ti? Es más que posible que solo esté enamorada de tu recuerdo.



Queridos míos!!!!!!!!! ¿Cómo lleváis el mes de diciembre? No queda prácticamente nada para nochebuena!!! Y antes de eso, siendo más exactos, pasadomañana, llega el tan "temido" fin del mundo. ¿Será o no será? Quién sabe. Personalmente no creo que este viernes vaya a explotar, implosionar, haber una apocalipsis zombie, y un largo etcétera, en la Tierra, pero bueno... ya se verá el viernes jaja Eso sí, en el supuesto caso de que fuera el fin del mundo... me arrepentiré de cada hora que he pasado estudiando porque no habría servido para nada -.-' jajajajaja
Bueno bloggeros, dejando de lado mis tontunas sobre el fin del mundo, desearos felices navidades a todos, que las paséis con la familia y los amigos pasándolo genial y que os traigan muchas cositas los Reyes Magos y Papá Noel ^.^ 
En cuanto empiecen las navidades me pondré a estudiar, hacer resúmenes, trabajos... y todas esas cosas horribles que tengo que hacer para la uni. El último examen lo tengo a principios de febrero, así que a partir de ahí y hasta que lleguen los próximos exámenes me pondré como loca a escribir Besos de Rubí. No sé si en navidades subiré el capítulo 9, pero en caso de que lo subiera sería el último de la historia hasta febrero, y seguiría subiendo historias cortas, las otras partes del relato por partes que estoy escribiendo y algo de Historias de un Caserón Victoriano. Vamos, que sin lectura no os quedáis, yo misma me muero si no escribo algo jaja
Bueeeeeeeeeeeeeno, que me enrollo muchísimo, ¡FELIZ NAVIDAD! a todos de nuevo y un beso enormísimo ♥♥♥

lunes, 1 de octubre de 2012

El club de los corazones muertos


Siempre supe que me tocaría perder en este loco vaivén de sentimientos en el que estábamos. Siempre supe que el corazón que se quebraría como una rama en una tarde de viento sería el mío. Simplemente, siempre supe que no eras para mí. Sentarse en un rincón abrazándose las piernas esperando a que la oscuridad se cebe contigo nunca fue la solución, siempre lo supiste, siempre lo dijiste. Las palabras se las lleva el viento, pero su recuerdo y el efecto que causan en otros permanece latente siempre, incluso cuando las creemos olvidadas. La desolación y desesperación son las peores drogas para los sentimientos, porque te arrastran, te niegan tu propia fuerza y te lleva con ellas, porque siempre fue y será más fácil dejarse llevar que levantarse y plantar batalla. Y todo eso lo aprendí a base de decepciones, de lágrimas derramadas y de palabras que no te dije muertas en mis labios por el miedo a perderte. Y te perdí, era de esperar. Tu sonrisa y tus chispeantes ojos azules cautivan a cualquiera que se demore más de un segundo en mirar tu rostro, la suave cascada de color indefinido que es tu cabello llama la atención con su hipnótico bamboleo y tu cuerpo… es pura perdición para cualquier hombre. Eres enamoradiza, alocada y sensual, cualquiera lo sabría. Amas con fuerza, con pasión arrolladora, pero tu corazón no fue hecho para tener dueño. Dejas una estela de corazones rotos a tu paso, corazones cuyos dueños recogen los pedazos y tratan de componerlos aprentándolos con fuerza, con los ojos cerrados, mientras lágrimas de impotencia resbalan por sus mejillas.
Pero, en el fondo, cada uno de nosotros lo sabía. Nadie puede mantenerte atada, nadie habría sido capaz de conservarte al mismo tiempo a ti y a tu dulce sonrisa. Los potros salvajes no pueden ser domados sin destruir su felicidad, pues el sabor de la libertad es el más fresco y dulce de todos e imposible de querer soltar una vez se ha probado.
Sabía lo que ocurriría, todos lo sabíamos. Fue la necesidad de tu presencia lo que abrasó nuestro corazón. Pero, después de todo, fue más bien culpa mía, culpa de todo el que se enamoró de ti, porque nunca se pactaron flores y corazones en ese extraño juego al que te gusta jugar, nunca se prometió un “para siempre”. Tú no te llevaste mi corazón, sino que él me abandonó por voluntad propia, queriendo seguirte hasta el fin del mundo, dejando tras de sí un cuerpo vacío y consumido por la desolación.
                ¡Qué ingenuo fui creyendo que yo sería ese “alguien” que conseguiría colmar tu corazón!, ¡que yo significaría el sencillo y lleno amor que degustarías con mayor placer que a esa libertad tuya! Pero, como era de esperar, no lo fui, ni nadie lo es. Y, mientras el tiempo pasa y los corazones que quedan a tus espaldas pretenden parecer sanados, este improvisado club formado por hombres que han perdido su corazón a tu causa va creciendo sin pausa, lento pero constante. Tú, la seducción en persona de la que nunca supimos ni sabremos nombre, vives del capricho y del placer, del amor fugaz y momentáneo. Cualquiera que prueba tus labios queda prendado de ti. Los sentimientos giran a tu alrededor, moviéndose a tu gusto, creando falsas ilusiones y esperanzas sin final feliz.
Siempre has sido y serás reina y soberana de los corazones y la lujuria, siempre conseguirás seducir con solo una mirada. Y si el infortunio se atreviera a enfrentarse a ti, haciéndote caer en las mismas redes de perdición de amor que dejas tejidas a tu paso, el amor perdería su razón de ser, el deseo decaería en simple vorágine de dolor, moriría el sentir. Y es que tú, bella, caprichosa e irresistible Afrodita de cualquiera de este desafortunado club, exhalas el sentimiento y la pasión en tus suspiros. Si tu libertad muere, mueres tú con ella, y maldito el que consiga semejante cometido. Maldito porque se perderá por su culpa el amor, pero también maldito por no ser él yo.


Buenas blogger@s!!!!
Vale, sé que está mal que la propia escritora lo diga, pero me encanta este texto. Aclaremos que no es mitológico, osea, menciono a Afrodita, pero como estandarte de belleza y de mujer sensual y todo eso, no como a la propia diosa ;P Lo empecé a escibir hace un par de días por la noche, y ayer ya estaba pero pensé mejor dejarlo para hoy, así dentro de un par de días subo capi y el blog tiene actividad ;D
Habréis visto el gadget nuevo que puse en la barra lateral (si no, pues ya os informo de que ahí está xD). Pues, como su nombre indica, es el rinconcito donde iré poniendo toda la información que creo que debáis saber: cómo avanza la historia, si tengo pensado subir algo, si estaré unos días ausente por lo de la uni y tal... Todo eso jaja
Pues poco más que decir, lo que tenéis que saber sobre BR ya está escrito en la barra lateral, así que esto es todo.
Un beso!!!!♥

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Eve Death


Agarrando aquel peligroso objeto fuertemente entre sus pálidos dedos, aquella mujer de suaves curvas, mirada apagada, y largo, suave y oscuro cabello, miraba fijamente a un punto sin tan siquiera ver.
En ese instante las fuerzas siempre la fallaban, comenzaba a sentir sobre ella el peso de algo que no podía subsistir en su interior en ese momento de su vida: culpabilidad. Sus ojos inspeccionaban el lugar con prisa y acababan por volver a la realidad. Todo ello en apenas unas décimas de segundo, mientras una horribles imágenes volvían a su mente como diapositivas preparadas para atormentarla una vez más. Una puerta cerrándose, el frío aire que recorría la casa a sus anchas, las ventanas del salón hechas añicos, o simplemente abiertas de par en par, la madera crujiendo bajo sus pies, y la última visión de todas, con aquella sensación que la acompañaba. Aquella última visión: sangre. Mucha, demasiada. Toda extendida en lo que antes fue un bonito salón desde cuyas ventanas antes se veían flores de todos los colores. Ahora las flores habían muerto con la felicidad del lugar, habían cambiado sus vívidos colores por un apagado gris que entristecía aún más la situación. Un espeluznante grito y el golpe de algo contra el suelo. Y aquellos que estaban extendidos en la estancia con expresión de miedo en sus rostros, no se incorporaban ni intentaban calmar a la desconsolada persona que sollozaba…
¡Bam! Y disparaba. Apretaba el gatillo sin dilación. Eso la hacía sentirse libre, hacía que el dolor en su pecho disminuyera unos instantes.
Cada vez que aquel tedioso ruido resonaba en sus oídos, se desprendía de una parte más de su humanidad, la despreciaba dejándola a un lado. Y con esa sensación se volatilizaba la calidez de su sonrisa y el color azul de sus ojos, los cuales, cada vez más, tomaban el color de aquello que derramaban sus víctimas. Tomaba su venganza frente a otros que no habían provocado su sufrimiento, pero que ella odiaba por no sufrir la desdicha de sentirlo.
Cada último suspiro provocaba que rememorara de nuevo aquel instante en el que se desprendió de su antigua vida con aquel único propósito: venganza.
Juró apagar para siempre el pensamiento de todo aquel que algo tuviera que ver con el motivo de su desdicha y angustia, juró pagar cualquier precio. Cualquiera. Y el precio era precisamente aquel.
Todos la conocían como Eve Death, y nadie, absolutamente nadie conocía su verdadero nombre, ocultado en aquella primera palabra que predecía la siguiente.
Muchos lanzaban al aire rumores de los cuales ninguno era cierto. Nadie imaginaba porque aquella bella, joven y delicada mujer podría albergar en sí tanto odio.
Pese a todo, ella continuaba y seguía viviendo para llevar a cabo su promesa. ¿Después? Morir, con todas las consecuencias que trajeran todos sus actos. Simplemente vivía para la venganza, después de eso no le quedaría nada.
Ella era Eve Death, aquella seductora y peligrosa sicaria. Aquella cuya misión y promesa internas superaba toda satisfacción personal, aquella que dejaba correr las horas del reloj en un pequeño piso alquilado con un cigarrillo en la mano y unas lágrimas como únicos compañeros, aquella que vivía de noche y retozaba en su dolor de día. Ella era Eve Death y solo una cosa tenía presente en su futuro, cumpliría su misión.


Buenas noches!!! (al menos en España es de noche xP)
Vale, sé que tengo ligeramente abandonado el blog a pesar de que prometí subir cosas y cada dos semanas la historia (que por cierto, pensada está, tan solo necesito tiempo para escribirla), pero de verdad que no pensé que las cosas de la universidad me fueran a absorber tanto. Es que entre pasar apuntes, estudiar lo que doy cada día y hacer los ejercicios y demás, por no tener no tengo tiempo ni de hablar largo con mi madre (que por cierto, la echo un montón de menos al no vivir con ella). 
El relatillo este tiene ya bastante tiempo. No se con qué motivo lo escribí, puede que fuera después de ver una peli o algo, no sé. No intentéis buscarle sentido, no tengo pensado hacer continuación ni nada y se que es un tanto raro, como aclaración os digo que cuando lo estaba escribiendo sí recuerdo que imaginaba que la mujer entró en casa y encontró a su marido y su hija muertos y tan solo metiéndose en el mundo de sicarios y demás podía encontrar al asesino. Se que es extraño, pero bueno... a veces me da por escribir cosas que ni yo comprendo xD
Bueno, me voy a dormir YA mismo, que me quedan exactamente 7 horas y 26 minutos para que suene el despertador y esta noche pasada apenas dormí.
Besos!!!♥

jueves, 17 de mayo de 2012

Noticias + dos relatos

Hola Bloggeros!!! Sabéis qué??!!!! Sí!!! Ya he terminado las clases (excepto algún día suelto que tenga que ir, pero eso no cuenta ;) ) y estaría genial decir algo así como "y ahora puedo dedicarme todo el tiempo a pensar historias y blablabla" pero NO!!! tengo que estudiar muuuuuucho (todo el temario del curso xD) porque los días 11, 12 y 13 de Junio tengo que hacer los exámenes de PAEG (selectividad). Genial como veis eeh?? Así que nada, antes de desaparecer del mundo blogger hasta que termine definitivamente (que ganas de que llegue ese momento *.*), dejo por aquí un relatillo que escribí hace unos días (cuando debería de haber estado estudiando biología, por cierto jaja). Y nada, es un poco... no sé. A mí me parece ¿raro? Ni idea xD (Como molo, ni yo misma se definir mis relatos jajaja) Ah!!! Pero a falta de uno dos!! Porque ojeando entre los papeles mientras ordenaba los apuntes, no se como, pero me he encontrado con una cosilla que escribí ya hace algunos años y me ha entrado la nostalgia y la verdad que para ser de hace ya tiempo me parece bonita jajaja Pues nada, os dejo aquí todo (que hoy la entrada va a ser larguilla ;) ) y me gustaría que del segundo relato (el que me encontré entre los apuntes, sí jaja) hagáis una interpretación propia y lo escribáis en un comentario, que no tengo muy claro que es lo que quise expresar en ese momento, porque la verdad que seguro que es bien distinto de lo que me inspira ahora al leerlo. 
Un beso enorme y deseadme suerte con todo lo que tengo que estudiar!!!!!!!!!! >.<

El Frío

Los ojos de aquel extraño me siguen por las angostas calles, que están ya completamente vacías a estas horas, a excepción de aquel hombre y yo, por supuesto. La noche caía sobre las calles aplastante, tenebrosa. Pero no era la oscuridad, o las fantasiosas historias y leyendas sobre monstruos nocturnos que los aldeanos contaban, lo que me hacía temblar. Era El Frío, ese frío, ese que se calaba en mis huesos cada vez que tenía un mal presentimiento, cada vez que algo malo estaba por ocurrir. Era ese frío siniestro y sobrenatural el que hacía a mi mandíbula moverse descontroladamente.
El extraño aceleró el paso, así que lo mismo hice yo, esperando profundamente no tener que comenzar a correr, pues la pesada y abultada tela de mi vestido dificultaría sin duda mi huida. Odiaba esos vestidos tanto como los adoraba. Sabía que me veía muy bonita en ellos, que concordaban con mi rostro, mi cabello, mi figura, conmigo por entero. Pero eran tan pesados... tan molestos... que más de una vez deseé coger prestados unos pantalones de la alcoba de mi hermano. Mi hermano, mi querido Robert. La última vez que pude resguardarme entre sus cálidos brazos fue también la última que sentí  El Frío apoderándose de mí como ahora, con la misma intensidad. Y claro que algo malo ocurrió, la mayor de las desgracias: mi hermano murió, lejos de mí, sin que pudiera recordarle que lo quería más que a nadie en este mundo.
El Frío, ese maldito frío, comenzó aquella tarde, cuando estaba abrazada a él mientras me relataba una de las tantas historias que escribía. Porque Robert tenía un don para la escritura, pero tan solo yo en nuestra familia sabía apreciarlo. Madre llegó preparada para salir, me tomó del brazo, rodeando después mis hombros con una capa y me informó de que iríamos a la ciudad a encargar unos vestidos para el próximo enlace de mi hermana. Pero no se produjo tal enlace, y mis vestidos nuevos aguardaron apolillados en un viejo arcón esperando para cumplir un cometido que nunca tuvieron oportunidad de hacer. Fue en la tienda, cuando la costurera estaba tomando medidas de mi cintura, cuando El Frío me golpeó, apoderándose de mí rápida y dolorosamente, haciéndome estremecerme en la descolorida alfombra de la tienda, sacando incluso una lágrima de mis ojos. Algo malo había pasado, lo sabía, ¡yo lo sabía! Pero madre no me permitió salir de allí hasta que todas las medidas estuvieron tomadas, y todas las telas elegidas. 
Madre siempre fue tan dura, tan estricta, tan fría... que en algunas ocasiones deseé que El Frío se apoderara una última vez de mí, tan solo para anunciar su muerte. Y es que hay algo que jamás negaría que pienso: hubiera preferido millones de veces antes que fuera mi distante madre la que se hubiera marchado de mi lado, a que fuera mi cálido hermano quien se apartara de mi lado.
Aquel día, cuando la noche comenzaba a envolver el lugar con su manto moteado de estrellas, nos informaron de que el coche donde viajaban Robert y el prometido de mi hermana, había caído por un barranco de regreso a casa. Todos lloraron la trágica noticia, durante días y semanas. Pero siempre creí, y creeré, que nunca han existido lágrimas más falsas que las que derramaron mis familiares durante aquel tiempo. Yo no lloré, ni una lágrima escapó de mis ojos, porque era tal el dolor, el abatimiento, que mi mente se bloqueó por años, encerrada en sí misma durante lo que pareció una eternidad. No más viajes a la ciudad, no más eventos, no más sonrisas, no más yo. Mi madre volcó toda su atención en mi "dolida" hermana. En realidad nunca creí que amara a su prometido, y ni siquiera tenía buena relación con Robert. Mientras tanto, padre ahogó sus penas en caras botellas de licor y se mantuvo ajeno al mundo. Padre sí quería a Robert, o al menos eso es lo que pienso, no se si más por el hecho de ser su primogénito o por simplemente ser Robert, pero lo quería, y eso ya era un consuelo para mí. En cuanto a mí, todos decían preocuparse, todos trataban de hacerme reaccionar, pero nadie me abrazó, nadie besó mi mejilla o acarició mi pelo mientras decía que todo se solucionaría. No, nadie hizo eso, porque siempre fue Robert quien curó mis heridas, secó mis lágrimas y besó mi cabeza, pero él ya no estaba, ya nadie en aquella casa volvería a preocuparse por mí.
Pero eso solo lo comprendí años después, cuando la enajenación se escurrió de mí como una sábana de seda, y fue entonces cuando huí de aquel lugar de falso cariño y falsas sonrisas. Hace exactamente dos días, a medianoche, justo como ahora indica el reloj de la plaza, abandoné el lugar al que siempre llamé hogar. Y ahora el extraño se acerca a mí, y El Frío crece y, no se por qué, creo que ha llegado mi final, y eso no me asusta. Lentamente saco la navaja que Robert me regaló en mi último cumpleaños que pasé con él. Se que jamás seré capaz de vencer a ese hombre, no con mi poca fuerza y una navaja. No soy estúpida, se lo que hombres como ese hacen con chicas como yo, y me niego a tener ese destino. Lentamente aminoro la marcha y me paro en medio de la calle, frente al extraño, que tuerce su sonrisa en una mueca creyendo ver ante él una presa fácil. Y también veo su confusión, su desconcierto, un cierto horror en su mirada y como huye rápidamente cuando me ve hundir la cuchilla en mi estómago, profunda, llevándome irreversiblemente hacia una muerte segura.
Irónico, ¿no? Cinco largos años en silencio, en la oscuridad, para volver a abrir los ojos y encontrarme con la muerte de frente. Pero, ¿qué más da? Yo morí aquel día, con mi hermano. Al menos ahora podría reunirme con él en aquel cielo que todos prometen, ¿no? Al menos ahora no sería una extraña en su propio hogar, ni una joven sin refugio presa fácil de pervertidos y desalmados. Ahora solo sería yo, o no sería nadie, desaparecería en el olvido. No lo se, solo soy consciente de que las fuerzas me fallan, mis párpados caen pesados, y el rostro de Robert aparece antes mí cuando estoy por exhalar mi último aliento, mostrándome aquella sonrisa que yo tanto adoro. 
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Anahí

Anahí seguía siendo la princesa del silencio, de los que miran sin ver, de los que aman sin sentir, de los que cantan sin voz y ríen sin sonrisa, la princesa de los ricos desgraciados y de los pobres afortunados. Anahí continuaba escribiendo letras vacías sin ningún significado, dibujando mariposas blancas en folios blancos, cantando versos de amor mientras hundía el rostro en el agua y el silencio.
Anahí era esa princesa, la princesa de las contradicciones, paradojas e incoherencias. La que, en su solidaridad, no pensaba siempre en el prójimo; una princesa sin castillo ni corona, sin trono ni cetro, sin rey ni reina. Ejercía su cargo en el silencio de sus grises ojos y contaba una a una las estrellas cada noche para asegurarse de que ninguna la había abandonado. Porque si eso pasaba... la princesa de la noche y la luz, de los desamparados y los poseedores de fortunas, de las paradojas del mundo, decaería al embrujo del amor y moriría tras un instante de felicidad amarga, que se perdería para siempre en el olvido, arrastrando a la princesa a la oscura sonrisa de la maldad y la ignorancia.
Las luces de las estrellas no la alumbrarían en su penumbrosa condena, el canto de los pájaros no llegaría a sus oídos para alejar de ella la soledad, nada la rescataría de una falsa y tortuosa ensoñación que la aprisionaría hasta asfixiarla. No, eso no ocurriría, o al menos eso pensaba Anahí.
Si sus traumáticas suposiciones fueron o no ciertas nadie lo sabe ni lo sabrá, pues desapareció una noche en las estrellas y al día siguiente el sol no la quiso liberar.
Así pues, perdí a mi princesa de las maravillas, la siempre triste pero tan feliz Anahí,que vivía en un cerezo permanentemente en flor y cantaba a la luna para que le devolviera su reino, sus estrellas y su castillo de nube que veía con nostalgia sobre su cabeza.
Y así, el príncipe se quedó sin princesa.

lunes, 12 de marzo de 2012

Verdades que duelen


Al final no me he podido resistir xD Mañana y pasado son los dos últimos exámenes de evaluación que tengo que hacer, y como estaba hasta las narices de estudiar historia (tremendamente divertida mi tarde como veis) en un descanso que me he tomado, he terminado un relato que tenía por ahí y me he dicho, vamos a subirlo!!!
Primero de todo, voy a aclarar algo, este relato está relacionado con otros, en las etiquetas (que están abajo del todo del blog) hay unas cuantas que son nombres, en concreto me refiero a las que pone, Mike, Rosse y Daniel, el caso es que los relatos no son continuaciones ni nada por el estilo pero los personajes son los mismos y leyéndolas todas se puede hacer una relación hasta sacar una historia entre todo. Bueno, tras esta breve explicación os dejo leyendo.
Un beso!! =)


-¡¿Por qué?! ¡¿Por qué simplemente no lo has guardado para ti?!
Él la miró con cara desconcertada. ¿Realmente le estaba preguntando por qué le había contado aquello? ¿De verdad podía cabrearse más por el hecho de que le hubiese desvelado todo que porque no la quisiera?
-Podíamos haber seguido así por años, para siempre incluso. No necesitaba saberlo, ¿no lo comprendes? –la sollozante voz de ella interrumpió sus confusos pensamientos-. Podías haber cargado con el dolor, tú solo, todo lo que fuera necesario. Pero preferiste desahogarte y dejar de sentirte culpable y desdichado, y para ello tenías que pasar sobre mí.
-¿En serio? ¿De verdad preferirías haber vivido en un engaño el resto de tu vida? –dijo él consiguiendo que su voz desconcertada saliera de su garganta.
Los ojos de ella eran un constante torrente de lágrimas, y aquello partía el corazón de Mike. Nunca quiso hacerla sufrir pero creyó que lo mejor era ser sincero y acabar con sus propios engaños y mentiras de una vez por todas. Pero ahora, ante las palabras de Lilian comenzaba a dudar si había hecho lo correcto.
-Nunca te amó y ahora, mucho menos podría hacerlo, Mike. Hace mucho que lo sabías pero eras tan estúpido como para creer que la podías arrancar de sus brazos y ahora que se ha ido sigues siendo tan estúpido que prefieres vivir de su recuerdo. ¡Está muerta!
Las últimas palabras de Lilian le llegaron como una bofetada, duras, frías y dañinas. Hacía ya mucho que compartía su día a día con ella, la dulce y delicada Lilian, que parecía una pequeña muñeca entre sus brazos, con su piel de porcelana, sus profundos ojos del color de la miel y su cabello dorado. Toda ella era luz dorada. Jamás pensó que de unos labios tan delicados y carnosos pudieran salir aquellas palabras que le desgarraban el alma. Pero no podía culparla, no ahora, no después de haber roto su pequeño corazón y haberla abandonado para regodearse a solas en su propio dolor. El dolor que Mike sentía por la muerte de Rosse, a quien amaba desde hacía tanto que le costaba recordarlo, lo dejó totalmente privado de razón. Huyó durante días de su casa, el acogedor piso que compartía con Lilian desde hacía cinco años, y se aisló en la pequeña cabaña que sus padres tenían en la montaña. Durante mucho tiempo ver a Rosse con Daniel le carcomía la entrañas, pero luego supo transformar ese ardor en una especie de felicidad, por ella, por verla feliz día tras día, aunque fuera en brazos de otro. Mientras él se entregaba a Lilian, a quien, antes de conocer a Rosse, amó con locura, pero cuya relación se había deteriorado. Mike sabía que la joven le quería como pocos sabían hacerlo y por ello, sabiendo que Rosse jamás sería suya, quiso darle a Lilian la felicidad que él mismo no era capaz de alcanzar. Pero ahora, cuando su dulce flor había fallecido de una enfermedad que había ocultado a todos los que la rodeaban, simplemente no podía aguantar el suplicio y creyó mejor darle a Lilian la sinceridad de un adiós que años de amargura a su lado. El día anterior Mike había regresado de su pequeña huída para hacer frente a Lilian, terminar con todo de una vez y volver a retirarse a la paz de las montañas, donde podía mantener la cabeza ocupada en arreglar el desvencijado cobertizo, recoger leña, cazar y muchas otras acciones que, para la hora de la cena, ya le habían causado tal agotamiento que caía rendido entre las sábanas de su pequeña cama sin tiempo para pensar en el camino de su vida.
-Mike… -la voz de Lilian sonaba débil, derrotada-, no me quieres, lo sé, hace mucho que lo sabía. Y en cierto modo he sido tan estúpida como tú, creía que podría hacerte feliz, que podría hacerte olvidarla, pero no he podido, ni podré. Te quiero, pero no quiero vivir de un recuerdo, del recuerdo de tus ojos cuando me mirabas entonces, cuando Rosse no se había cruzado en nuestra vida.
-Lo siento –Mike no fue capaz de pronunciar otras palabras, y sabía que una simple disculpa no lo arreglaba todo, pero no le quedaban fuerzas para seguir hablando.
-Intentaré ser feliz, der verdad que lo haré –dijo Lilian tratando de recomponerse-. Encontraré a alguien, por mí, pero también por ti, para que algún día te lleguen noticias de que vivo feliz con un nuevo amor, y puedas dejar de sentir la carga por mi desdicha que sé que sientes. Trata de ser feliz tu también, de verdad que me alegraría si lo hicieras, aunque… -dejó las palabras en el aire.
-Lo sé. No crees que pueda llegar a ser feliz –dijo con pesar-. Pero no te disculpes, yo tampoco lo creo –se envaró al ver la alarma en la cara de Lilian y su gesto de disculpa.
-Te quiero, Mike. Y en cierto modo, siempre lo haré.
La despedida fue tranquila, sin más gritos ni revuelo. Mike cogió sus cosas y salió por la puerta, no sin antes acercarse a Lilian, besarla suavemente y susurrarle al oído: “hubo un tiempo en que te amé, no lo olvides”. Tras esto montó en su anticuado coche y partió hacia su nueva y solitaria vida en las montañas.
5 años después
Mike salió de su pequeña cabaña con ojos somnolientos. El día regalaba un agradable calor que invitaba a relajarse bajo él. Montó en su coche y bajó al pueblo a recoger su correo y comprar algo de comida, su despensa estaba vacía. Cuando volvió a casa dejó el correo sobre la encimera de granito y se dispuso a preparar la comida cuando un sobre llamó su atención. Era de Lilian. Lo abrió con curiosidad, hacía ya mucho que no hablaba con ella, la pequeña mujer que emanaba luz dorada. Con lentitud sacó del sobre una elaborada tarjeta en color crema, con flores secas decorándola y unas palabras escritas a mano en tinta dorada. Reconoció la letra de Lilian. Sonrió, con una sonrisa que verdaderamente le llegó a los ojos, al ver que se trataba de una invitación de boda. Cuando se dispuso a devolver la invitación a su sobre vio que había una carta acompañándola. La abrió con destreza y leyó:
Hola Mike:
Sé que hace mucho tiempo que no sabemos nada el uno del otro, pero te prometí intentar ser feliz y, como puedes ver, he cumplido mi promesa. Realmente me encantaría verte aquí conmigo el día de mi boda, así que te pido, por favor, que no dudes en venir. Mi padre murió hace ya 3 años, fue una mala época para todos, pero lo hemos ido superando con el tiempo. Por esto último quería pedirte un favor: ¿podrías ser tu quien me acompañe al altar? Sé que es un tanto inusual, pero sabes que siempre me gustó hacer las cosas a mi manera, y no he encontrado a nadie mejor que tú para estar conmigo en un momento tan especial. Espero tu respuesta.
Te quiere,
          Lilian
Mike no había conseguido ser verdaderamente feliz, tan solo había conseguido buscar un motivo para sonreír en las pequeñas cosas. Poco a poco había olvidado el peso que le causaba el haber hecho sufrir a Lilian y, hasta entonces, no había notado sentirlo, pero esa carta… Esa carta le había liberado de algo que no era consciente que seguía allí, y por fin podía terminar de encontrar la pequeña paz que otorgaba el no sentirse culpable. Mike dejó el sobre en la encimera y sonrió. Iría a esa boda, claro que iría, por Lilian, y por él mismo.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Como un juego de niños

Hola a todos. Lo primero y más importante: ¡hoy os traigo algo para leer! No, no es el relato sobre los padres de Selina. Tras haberse borrado me quedé pensando y no se me vino nada a la cabeza digno de ser escrito, pero bueno... la inspiración volverá jaja
Lo que traigo hoy es un "relato" un tanto extraño. No es autobiográfico ni por nada que me haya ocurrido, tan solo.. me vino la idea a la cabeza hace unas horas y al final tuve que escribirla. Bueno, no os entretengo más, aquí os dejo el relato.
Un beso!



Y en ese momento solo quise matarle, borrar de su rostro esa estúpida sonrisa de suficiencia que tanto me irritaba y que por mi boca salieran mil y un insultos y palabras ofensivas hasta hacerle llorar, ver sus ojos enrojecidos y reírme por ello, a carcajada limpia, sin reparos.

Pero en vez de eso agarré su rostro y le besé con toda la rabia que tenía contenida, caí de nuevo en el bucle de engaños y torturas que me perseguía desde hacía ya tanto tiempo. ¡Tonta de mí! Creí que podría escapar de ese juego sin sentido al que llevábamos años enganchados, un tira y afloja en el que ninguno de los dos podía rectificar un milímetro sin que el otro lo permitiese.

Comenzó como un juego de niños, en el que cada uno trataba de demostrar que era el más fuerte. Creo que caímos en una red de sufrimiento que nosotros mismos tejimos, creyendo que cualquier día, cuando el juego nos cansara, podíamos cortarla con unas tijeras, como si de un simple trozo de papel se tratase. Pero no podíamos estar más equivocados.

Y ahora, tras años, meses, semanas, días, horas, minutos y segundos de agonía y desesperanza, creí que podría salir de este círculo vicioso cuyo principio aún hoy no tengo muy claro. Pero no, la historia se repite, una vez más, y ojalá fuera la última. Nos disfrazamos de Romeo y Julieta ante la atenta mirada de la gente y continuamos con ese amor-odio que llevamos años profesándonos y que, cada día un poco más, nos consume la vitalidad al igual que se consumen los cigarrillos que día tras día se alojan en mis labios.

En el fondo, entre toda la mierda que se nos ha venido encima, a pesar de todo, creo que algún día nos amamos. Aunque puede que solo sea una ilusión, al fin y al cabo… este sigue siendo un juego de niños.

domingo, 27 de febrero de 2011

Dead in life

Se sentía sola, con una opresión en su pecho que la desgarraba lentamente, una especie de sentimiento creado especialmente para ella, para herirla causándole un dolor atroz, tanto, que habría preferido morir entre las fauces de una bestia o ahogada en el océano, antes que soportarlo un instante más. Pero se vio obligada a sufrirlo en silencio, acurrucada en un rincón de su cálida cama, el único lugar donde se sentía segura.

Llorar durante horas era lo único que parecía ayudarla a evadirse del dolor tan intenso y real que sufría cada día. Se sentía inútil entre tanta “perfección”. La auténtica perfección en su mundo era el amor que sentía, pero que no se atrevía a compartir por miedo a perderle.

El amor era ese sentimiento apasionado y bello en esos instantes en los que podías compartirlo con total felicidad, pero cuando el amor debes tragártelo… duele más que nada de lo que puedas encontrarte. Se dio cuenta de que lo amaba en el momento menos preciso, el menos afortunado y, también, el menos esperado. Lo único que deseaba era besarlo dulcemente, como si fuera un sueño, pero del que no despertaría jamás.

¿No despertar jamás? Se confesó a sí misma el pensamiento que la rondaba de quitarse la vida en un suspiro para dejar de suspirar por él, pero se dio cuenta de algo tan evidente que era estúpido por su parte ignorarlo: si lo hacía, si desaparecía para siempre en la muerte, se reprocharía a sí misma el no haber luchado, no haber esperado saber si las cosas podían haber sido. Tan solo siguió en pie por el amor que sentía. Todo era un desastre en su interior, en realidad, en todo. Estaba cambiando y sabía el motivo, el mismo por el cual lloraba cada noche sin poder evitarlo. Pero siempre uno puede sacar fuerzas y fingir.

Fingía delante de aquellos a los que quería, pero en la soledad se derrumbaba sin importarle nada, porque… ¿qué mas le podía importar ya?

Se miraba en el espejo y no se reconocía.

El tiempo pasaba, nada cambiaba. Agonía, desesperación… ¿qué más podía esperar? Y ¿cuánto debía esperar para aquello que no sabía que era?

Pero al final perdió. Se derrumbó, murió en el silencio. La tristeza despedazó su corazón. Sucumbió al final eterno, sin el beso de eterno amor. Murió para poder vivir, porque era más difícil estar muerta en vida.

martes, 26 de octubre de 2010

Ahogaba el amor en botellas vacías

-Bonita noche –comentó el señor del sombrero negro mientras descargaba su peso en la larga y negra barandilla de aquel olvidado pontezuelo, junto al desgarbado joven de la botella y la mirada perdida.

-Sí, podría decirse que lo es –respondió el otro con gran pesar en su voz.

-¿Mal día? –la curiosidad del tipo del sombrero lo empujó a preguntar.

-Mala vida –comentó sencillamente el otro sin ningún reparo, a pesar de no conocer de nada a aquel curioso.

-Mmm… lo lamento –trató de sonar sincero.

-No lo hagas, no sientas lástima por mí –contestó el joven aún sin haberse girado siquiera a ver el rostro de su curioso interlocutor.

Ambos callaron. El silencio era tal que podía oírse el susurro del escaso viento que aquella noche poco agitaba las copas de los árboles, que también parecían acompañar la melancolía del joven con su leve movimiento y las contadas hojas que quedaban en sus ramas.

-Es mejor así –dijo de repente el joven, más para sí que para su acompañante.

-¿Decía?

-Que es mejor así –repitió el joven.

-¿Así cómo? –insistió el hombre del sombrero sin comprender.

-Dejando todo, es más sencillo.

-¿Amor? –tanteó el hombre del sombrero sin todavía entender la melancolía del joven, ni el motivo de su desdicha.

El joven asintió penosamente, a la par que sacaba del bolsillo un cigarro.

-¿Problemas?

-Algo así.

-¿No es correspondido? –el hombre del sombrero insistía en conocer el motivo de la pena del chico.

-No…quiero decir…sí que lo soy.

-¿Y dónde está el problema? –el hombre del sombrero parecía desconcertado.

-Es demasiado difícil de explicar –a continuación giró, echó un rápido vistazo a su interlocutor y se alejo sin un simple “adiós” con las manos en los bolsillos del pantalón.

-¡Espere! –exclamó el hombre del sombrero-. ¿Cuál es su nombre?

-Daniel –susurró él sin fuerzas, sin tan siquiera esperar que el viento llevase las palabras hasta aquel extraño y curioso señor del sombrero negro, tras dar un largo trago a la botella que sostenía en la mano izquierda.

Daniel se alejó del maloliente lugar a las puertas de aquel pub de mala muerte que guardaba a las almas más melancólicas y olvidadas de toda la ciudad. Se alejó caminando sobre trozos de botellas de vidrio tiradas por desdichados como él, que sorbo tras sorbo se dejaban la conciencia y la felicidad. Dio un largo trago a su ya casi vacía botella de whisky y apuró las últimas gotas, desapareciendo en la oscuridad mientras un único pensamiento cruzaba su mente. Luego, como gran final de la noche, terminó ahogando su amor en aquella botella vacía de whisky pasado.