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lunes, 28 de noviembre de 2011

¿Una ayudita?

Bueno, hoy, hace un rato, estaba en tuenti (descanso de los estudios jaja) y me ha llegado un evento con esta dirección (http://actuable.es/peticiones/evitemos-creacion-un-centro-experimentacion-animal-en). Es una recogida de firmas para evitar la creación de un centro de experimentación con animales, en los que se pretende hacer cosas verdaderamente atroces, y me ha parecido que no estaría mal un poco más de difusión por mi blog. Así que, por favor, os pido que firméis, que no se tarda ni un minuto y ayudaréis a una gran causa.
Gracias y un beso a todos!!!!!!

sábado, 19 de noviembre de 2011

Relatillo y prólogo

-¿Sabes? Puedes girarte cada vez que paso cerca de ti, ignorarme cada vez que trato de decir “hola”, reír cuando me veas a lo lejos, tratando de disimular que todo te va mejor sin mí. Sí, puedes hacer todas esas cosas, pero yo sé la realidad. Cuando paso cerca de ti te giras para evitar que vea la tristeza en tus ojos, escucharme hablar hace que te suden las manos, porque estás nervioso, y se te corta la voz, y tus risas… si las pudieras escuchar como yo las oigo, te darías cuenta de que van cargadas de tanta desolación que ni siquiera se nota la falsa alegría que tratas de desprender en ellas. Te olvidas de que te conozco mejor que tú mismo, de que podría describir cada milímetro de tu alma sin dificultad, y también cada milímetro de tu cuerpo. Así que deja de disimular que no te importo, y deja de creer tu estúpida y falsa convicción de que no me importas.

Después de soltar de carrerilla aquel pequeño discurso, casi sin respirar, la chica se marchó con paso firme, decidida a dejarlo a él allí, aturdido y sin palabras. Según se alejaba sentía que el corazón se le iba haciendo añicos, sabía que había cruzado el límite, aquella línea imaginaria que durante tanto tiempo había trazado con sumo cuidado, y que, de repente, se había borrado como si nunca hubiese existido. Ese era y sería siempre el fallo de ambos, planeando y trazando un camino alternativo para evitar algo a lo que siempre volvían. Y es que es fácil planear tus acciones, pero no tan fácil evitar tropezar con la misma piedra tantas veces, y más, cuando esa piedra te hace perder la cabeza.

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PRÓLOGO

-Antia –llamó con clara y firme voz un hombre anciano de cabellos y barba plateada que llevaba recogida en una gruesa y larga trenza. Vestía una larga túnica ambarina en perfecto conjunto con sus ojos rasgados, sujeta en la cintura con un fino cinturón de plata con piedras de ámbar incrustadas. De su cuello pendía un colgante de un triskel de plata sobre un fondo también de ámbar.

-¿Sí, Meistr? –la sutil voz de Antia sonó desconcertada ante aquella reunión tan inesperada. Permaneció de pie, sin mover un solo musculo, frente al Meistr –el Maestro de la orden-.

-Cordelia –aquel nombre retumbó en la estancia, creando un eco que envolvió a las dos personas que allí había.

Antia mostró pánico en sus ojos azules durante solo un instante, pero fue suficiente para que el Maestro leyera el terror en sus facciones. Se levantó de su trono y caminó hacia ella con cierto amago de pena y comprensión en los ojos.

-Ha llegado el momento –dijo como toda explicación a lo que ambos sabían, a la par que reposaba una arrugada mano sobre el hombro de la mujer-. Debe estar lista. Sabíais que pronto llegaría el día.

Sin pronunciar una sola palabra, la mujer bajó la mirada y salió de la gran cámara excavada en la roca que era la sala de reuniones haciendo ondear su túnica escarlata, y dejando atrás al hombre de la barba plateada.


Bueno, ahora me toca explicar que es lo que he subido en esta entrada. Lo primero es un relatillo que escribí hace unos días, no es muy largo y tampoco me gusta demasiado, pero tenía el blog demasiado abandonado =(

Con respeto a lo segundo, llevo un tiempo escribiendo una historia-novela (lo cierto es que no lo sé bien jaja) Pero bueno, es el prólogo de esta historia que estoy escribiendo y me gustaría saber que tal pinta. No creo que suba capítulos, por el simple hecho de que hago cambios cada dos por tres, me falta muchísimo para terminarla y llevo varios meses dejándola abandonada (es lo que tiene 2º de bachillerato >.<) Así que nada, lo dicho, a ver si resulta algo interesante jaja

Un beso!!!

viernes, 23 de septiembre de 2011

Almas corruptas

Buenas!!! A ver, lo primerísimo de todo siento que últimamente haga tan poco en el blog, pero acabo de empezar el curso y ando liadísima (solo con deciros que YA TENGO EXÁMENES creo que me entenderéis). Pero aún así... Tengo el próximo mini-relato de "Historias de un caserón victoriano". Sí, de verdad, aunque a mí también me parecía imposible que fuera a salirme de una vez. Me ha costado mucho sacarlo, ya que últimamente no ando muy inspirada, y puede que incluso os decepcione un poco (aunque espero que no =$)
Un beso a todos y aquí os lo dejo.


-¡Julius!
La histérica voz de una mujer rompe la pacífica calma que instantes atrás reinaba en la estancia.
-Querida, ¿a qué tanto alboroto? No me gusta que irrumpas así en mi despacho.
-Discúlpame, pero es importante -se excusa la mujer remarcando la última palabra y retocándose con altivez su extravagante recogido.

Julius muestra una mirada resignada y sigue a su esposa por los largos pasillos de su, casi laberíntica, casa. Edith solía ver dramas en cualquier minucia que importunara la rutina de su día a día, algo que Julius no soportaba. Llevaba con su esposa casi 18 años, los mismos que pronto cumpliría su hija mayor, su preciosa Selina. Tras el paso de los años, Julius fue perdiendo a su mujer, lo sabía, y no podía hacer nada para remediarlo. La avaricia y el ansia de poder le habían arrancado de entre sus brazos a una Edith alegre y jovial, el sol de un día nublado para Julius, y habían corrompido el alma de su mujer.
Muchas fueron las veces que Julius, exasperado por los caprichos y desmanes de su esposa, deseó montar en su hermoso pura sangre y galopar hasta el lugar más recóndito de la tierra, lejos de aquella casa dominada por la codicia. Lo único que impedía su huida era el amor por sus hijos, en especial por Selina, que conservaba el mismo corazón puro que poseía Edith en su juventud. Samantha, su otra hija, era demasiado parecida a su madre: a sus 14 años el poder y el dinero se encontraban en lo más alto de su escala de prioridades. Y el pequeño William... era una luz que poco a poco brillaba algo menos, su alegría y vitalidad se atenuaban con cada soplo de aire fresco y nadie era capaz de predecir cuando se apagaría por completo.

Julius aún recordaba el día en que conoció a Edith. Era un caluroso día de verano aquel en el que se le anunció que debía vestirse con sus mejores galas, pues aquella tarde conocería a su futura esposa. Ante el desconcierto del joven, tan solo se le aclaró que así lo había mandado su padre, sería un matrimonio de conveniencia, que aportaría beneficios a ambas familias.
Aquella misma tarde la casa era un continuo ir y venir de gente. Las flores adornaban cada estancia y aportaban una embriagante mezcla de diferentes olores y colores. La tensión se respiraba en el ambiente, cualquiera lo podía notar. Julius, tras arreglarse, y puesto que nadie le ofrecía mayor información, decidió investigar por su cuenta. Los criados, cocineras y mozos de cuadra chismorreaban en cada rincón de la finca, evitando cruzarse con el joven, sabedores de que serían asaltados a preguntas que tenían prohibido contestar. Repentinamente, el ajetreo, los susurros y los arreglos fueron sustituidos por una ligera histeria colectiva, todos corrían hacia sus respectivos puestos, y eso solo podía significar una cosa: su prometida ya había llegado.
La puerta se abrió ruidosamente y, precedidos de un criado que les abría el paso, aparecieron ante él un hombre alto y muy ataviado a cuyo brazo se aferraba una mujer de tez pálida y aspecto frágil, enfundada en un vestido burdeos, y, tras ellos, se encontraba una joven de cara redonda y afable enmarcada por unos rizos color chocolate que resaltaban su clara mirada.

Julius sonrió al recordar aquella inocencia que desbordaba Edith en su juventud y lo mucho que disfrutaron los días anteriores al anuncio público de su compromiso. Pero una voz lo sacó de su ensoñación:
-¡Julius! ¿Me has oído? ¡Mira!
Julius mira hacia dónde señalaba su esposa y resopla amoscado. Un pájaro, un pequeño pájaro que apenas sabía volar había entrado en el salón por uno de los grandes ventanales. Julius se agacha pesaroso, recoge a la pequeña ave con dulzura y se dirige hacia el jardín, dónde libera al pajarillo que, con gran esfuerzo, consigue mover rápidamente sus alas y volar entre las copas de los árboles, saboreando una libertad que, Julius más que nadie, desearía poder disfrutar unos instantes.

domingo, 11 de septiembre de 2011