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miércoles, 2 de octubre de 2013

Capítulo 15 (BR)

Domenico se quedó mirando la puerta unos segundos, maldiciendo interiormente por no poder ir tras Cassandra.
            -Lara –dijo cortante, consciente de que la joven estaba diciendo algo pero ignorándola completamente-, la fiesta está en el salón y el jardín, vamos abajo.
            -No, Dome, abajo hay mucho ruido, y me encantaría charlar y ponernos al día –ella insistía y hacía un puchero inocente, tratando de convencerlo.
            Él suspiró cansado de tratar con ella. Cuando era un adolescente, el hecho de que Lara lo persiguiera con insistencia le resultaba gracioso e incluso halagador. Pero con los años se había ido convirtiendo en una molestia que lo perseguía cada vez que visitaba a sus padres.
            -Lara, por favor, volvamos abajo –su voz hacia equilibrios en la línea entre la súplica y el enfado.
            -No seas aburrido, Dome –dijo sonriendo de manera coqueta.
            -No me llames así, sabes que no me gusta –la exasperación se filtraba en su tono.
            -Oh, vamos, no seas…
            -Lara –cortó él con voz dura.
            Ella le fulminó con la mirada y se alejó un par de pasos de él, con las manos en las caderas y una expresión nada amistosa en el rostro.
            -Es esa estúpida pelirroja, ¿no? –atacó, toda su dulzura ya disipada-. No es de aquí, Stefano me lo ha dicho. Y no sé qué puedes ver en ella.
            A continuación salió hecha una furia de la habitación. Domenico oyó el sonido de los tacones repiqueteando en los escalones hacia la planta de abajo, y suspiró aliviado por haber conseguido librarse de ella. Al cabo de unos segundos se reprendió a sí mismo por pensar algo así, pero la sensación de liberación permaneció en él. Se decidió a volver a la fiesta y evitar a Lara en la medida de lo posible. Bueno, o a cualquiera de los hermanos Cacciatore, a poder ser. Por mucho que fueran amigos de la familia desde hacía ya muchos años, en aquellos momentos no podía evitar el sentimiento de desgana de hablar con alguno de ellos, en especial con los dos mayores.
Al final, abandonó el cuarto de Cassandra, echando un rápido vistazo antes de salir y cerrar la puerta tras él, pensando en lo que podría o no podría haber ocurrido de no haberse dado aquella inoportuna interrupción.

…………………………………………………………………..

            Cassandra bajaba las escaleras apresuradamente, con la imagen de Alice en la mente, aunque con tanta gente parecía imposible encontrarla. Atravesó el salón mirando de un lado a otro, tratando de vislumbrar una cabeza rubia y un vestido verde, pero no consiguió verla, así que entró en la cocina apresuradamente, donde encontró a Carola conversando con una mujer mayor aspecto afable.
            -¡Cassandra! –exclamó Carola abriendo los brazos para recibirla en un abrazo-. Estás preciosa, ¿qué tal la fiesta? ¿Lo estás pasando bien?
            Ella asintió mientras una dulce sonrisa se dibujaba en sus labios. La abuela de Domenico conseguiría hacer sonreír a una piedra.
            -Me alegro, querida, me alegro –dijo sinceramente-. Yo estoy aquí hablando con Lucilla, creo que te has cruzado en el salón con su nieto, Giulio.
            -Ah, sí –afirmó Cassandra mirando a su nueva conocida-. Un chico encantador.
            -Sí que lo es, ¿verdad? –contestó la mujer.
            Cassandra afirmó de nuevo con la cabeza y las tres se quedaron en silencio, sonriendo durante unos instantes.
            -Bueno, no os molesto más, os dejo charlando, estoy buscando a Alice –se despidió con una sonrisa y un gesto de la mano y salió por la puerta de la cocina.
            La suerte pareció sonreírle al fin cuando, al girar una esquina, se dio de bruces contra una figura envuelta en gasa verde que parecía haber atravesado un huracán.
            -¡Cassandra! Llevo un rato buscándote, ¿dónde estabas? –Alice, como siempre, sonreía con una alegría desmesurada y su cabello, horas antes perfectamente peinado, era ahora un caos de rizos que rebotaban y salían en todas direcciones, claro que a esto había que sumarle la evidente chispa provocada por un ligero exceso de alcohol.
            -Arriba… hablando por teléfono –mientras hablaba seguía observando el pelo de Alice con curiosidad.
            -Oh, ¿y está todo bien? ¿Hay algún problema?
            -Eeemm, no lo sé, mañana hablaré con mi madre. ¿Qué demonios te ha pasado? –acabó diciendo sin poder contenerse, mirándola de arriba a abajo.
            Alice se sonrojó levemente y, aunque trató de disimularlo con su habitual charlatanería, Cassandra lo notó.
            -Nada, nada, fuera la fiesta se ha descontrolado un poco, eso es todo.
            -No mientas –insistió Cassandra mirándola fijamente-. Eres tú la que insiste en que puedo contarte lo que sea, y eso debería ser recíproco.
            -Está bien, pero te lo contaré más tarde. Ahora acompáñame fuera y tómate algo, que tienes cara de no haberte divertido ni una pizca en toda la noche –Cassandra la siguió, tentada a soltar un enorme resoplido como refuerzo a la afirmación de Alice.
            El resto de la fiesta pasaron casi todo el tiempo juntas, bailando, comiendo y, sobretodo, bebiendo. La música estaba tan alta que si no estuvieran a kilómetros de la casa más próxima, excluyendo la de los Cacciatore, tendrían una multitud de vecinos quejándose por el ruido. Hacia las seis de la mañana la cantidad de gente en la casa o el jardín se había reducido drásticamente, quedando algunos regazados exhaustos sobre los sofás del jardín o bien sentados en pequeños grupos hablando de cosas sin sentido y comiendo los restos de la fiesta.
            -No puedo mover ni un solo músculo, estoy agotada –susurró Alice extendida en uno de los mullidos divanes blancos que había en la carpa del jardín-. No sé cómo pueden tener fuerzas para mantenerse en pie –añadió, refiriéndose al pequeño grupo de cuatro personas que salían por la entrada de la carpa en esos instantes.
            -Pues ya verás cómo llegas hasta tu habitación, porque la poca energía que me queda la utilizaré para meterme en la cama –Cassandra se incorporó lentamente, rogando para que el alcohol no decidiera atacarla con un repentino mareo en esos instantes.
            -Oh, vamos, ayúdame –dijo Alice estirando la mano derecha en su dirección.
            Cassandra dudó un instante y la miró frunciendo los labios, pero al final se levantó y se acercó a ella, parándose en el corto trayecto para deshacerse de los tacones, que parecían como mil cuchillos clavándosele en los pies.
            -Vamos, arriba –tiró de ella con sus escasas fuerzas y consiguió que ambas estuvieran en pie.
            Alice, que en algún momento de la noche había perdido sus sandalias de tacón, se recogió el vestido por encima de las rodillas y caminó un par de pasos tambaleantes con sus pies descalzos.
            -Oh, por favor, ¿dónde están los hombres cuando se los necesita? Mi hermano sería de mucha utilidad ahora mismo –hablaba deprisa a pesar del cansancio, avanzando torpe y lentamente hasta salir de la carpa-. Y hablando de mi hermano, la última vez que me topé con él eran casi las doce, ¿tú le has visto?
            -Apenas –respondió Cassandra apresuradamente y un tanto nerviosa a pesar de que eso no fuese una mentira.
            -Entonces es más tonto de lo que creía –susurró. Cassandra la miró interrogante-. Si se apartó de tu lado un segundo después de verte con ese vestido es que necesita urgentemente ir al oculista.
            Cassandra rio interiormente al pensar que, de hecho, fue ella la que se apartó corriendo, casi huyendo, de él. A su reciente amiga no le gustaría lo que había ocurrido unas cuantas horas antes en su habitación.
            -Exageras, Alice, en la fiesta había gente mucho más interesante que yo con la que mantener una conversación. Y chicas preciosas –le rebatió con indiferencia.
            -Por esta vez dejaré pasar que digas una estupidez como esa, no quiero discutir contigo a estas horas, estoy demasiado cansada – reafirmó su última frase con un pequeño tropiezo en los escalones de subida a la terraza del jardín trasero-. Y posiblemente hemos bebido demasiado –añadió casi para sí.
            Continuaron andando en silencio, pasando por la cocina y el salón, hasta llegar al pie de las escaleras para subir a la planta superior.
            -Estoy planteándome dormir en el sofá –dijo Alice muy seria-. Esas escaleras parecen el Mont Blanc ahora mismo.
            -Exagerada –susurró Cassandra-. Vamos, sube –y la empujó ligeramente en la espalda hacia el primer escalón.
            -Si acabó rodando escaleras abajo será todo culpa tuya, tenlo en cuenta.
            -Como digas –contestó despreocupadamente, y cuando consiguieron llegar al último escalón le dedicó una mirada a medio camino entre la compasión y un “te lo dije”, que provocó que Alice le enseñara la lengua en una mueca divertida.
            -Me voy a dormir, hasta mañana.
            Cerró la puerta de su cuarto tras ella, no sin antes dedicarle una encantadora sonrisa a su amiga, y Cassandra oyó como se desplomaba sobre el colchón. Estaba segura de que aquella noche dormiría con la ropa puesta, y tenía que admitir que a ella misma le tentaba seguir su ejemplo.
Se apresuró hacia su habitación, desabrochando la cremallera lateral del vestido y tirando de los tirantes hacia abajo, entrando de espaldas en el cuarto para asegurarse de que nadie aparecía por el pasillo y la sorprendía desnudándose. Sabía que hacer eso era correr el riesgo de que cualquiera entrando o saliendo de su cuarto la viera y pensara que se había vuelto del todo loca, pero también sabía que no quería dormir en aquella seda ajustada, y que en cuanto viera la cama se desplomaría sobre ella sin molestarse en desnudarse.
Para el momento en el que cerró la puerta el vestido ya estaba deslizándose por sus caderas hacia el suelo, y tenía la sensación de que no había sido tan feliz de liberarse de una prenda de vestir en años. Tan solo tenía que coger la camiseta vieja que, prudentemente, había dejado antes de empezar la fiesta a los pies de la cama y podría deshacerse también del maldito sujetador.
            -Esto… ¿Buenas? –una voz a su espalda, que a esas alturas conocía muy bien, provocó que casi acabara en el suelo cuando se dio la vuelta.
            -¡¿Domenico?!
            -Hola.
            -¿Se puede saber qué demonios haces aquí? Pasas más tiempo en mi cuarto que en el tuyo propio. Si te gustan más las vistas te cambio la habitación encantada, ¡pero deja de entrar aquí sin permiso cada vez que te plazca! –soltó la reprimenda de carrerilla, elevando la voz a cada palabra que decía y apretando los puños.
            -Desde luego las vistas son espectaculares en este momento –comentó él sonriendo pícaramente.
            Entonces Cassandra recordó su evidente y casi completa desnudez y recogió rápidamente el vestido, poniéndolo sobre su cuerpo para cubrirse. Se maldijo interiormente por haberse olvidado de algo tan importante, y se preguntó por qué diablos aquel hombre le hacía olvidar la mitad de las veces lo que llevaba, o en ese caso no llevaba, puesto.
            -Sal de mi habitación, ¡ahora!
            Él se levantó de la cama, donde había esperado sentado, y se acercó a ella despacio, lamentándose interiormente por ser un idiota de la más alta categoría al decir lo que había dicho.
            -Domenico, he dicho que salgas, fuera de mi cuarto, ya –repitió, todo el cansancio de hacía unos instantes ya desaparecido.
            -Cassandra, un momento, no esperaba que fueras a entrar medio desnuda en la habitación, lo siento de verdad. Por favor, espera –se paró frente a ella, cerró los ojos y cubrió estos con las manos-. Vístete, no miraré.
            Ella le rodeó, aún cabreada, y se colocó la camiseta, suficientemente grande como para cubrirle hasta medio muslo. A continuación se metió en la cama y se cubrió con las sábanas.
            -Tienes dos minutos para explicarme qué haces aquí, después te vas.
            Domenico se dio la vuelta y la observó, aunque no se atrevió a acercarse y sentarse al borde de la cama, tan solo asintió en silencio.
            -Quería pedirte perdón por lo de antes. Lara es… bueno, es Lara. No es tan mala chica si se la conoce pero… El caso es que siento que te hiciera sentir incómoda, y no quiero que estés enfadada conmigo, es solo una vieja amiga, poco más que una niña a la que nunca le han negado nada, y no sabe aceptar un no por respuesta –permaneció inmóvil cuando acabó de hablar.
            -¿Y qué se supone que intentas decirme con eso? –ella no cedería un ápice, jamás lo había hecho y no iba a empezar entonces.
            -Oh, vamos –exclamó el nervioso, pasándose la mano por el pelo repetidas veces-. Sabes qué quiero decir. No hay nada entre Lara y yo, y por mucho que lo niegues antes te has marchado de la habitación cabreada.
            Cassandra lo fulminó con la mirada.
            -Fue ella la que me puso furiosa no vosotros –hizo énfasis en ambos pronombres tratando de dar un significado que a ella le parecía muy claro.
            -¿Y qué fue exactamente lo que te molestó entonces, Cassandra? –no pretendía mostrarse cabreado ni elevar la voz, pero llevaba demasiadas horas sin dormir y su paciencia no estaba en su mejor estado.
            Cassandra por su parte cogió, retorció y soltó su cabello repetidamente, sin saber si responder o no a aquella pregunta. Seguía repitiéndose una y otra vez que su repentino e intenso cabreo no tenía justificación alguna, que no le incumbía en absoluto lo que Domenico hiciera o dejara de hacer con su vida, y menos todavía en lo referente a su vida amorosa. Pero la impotencia de no saber qué decir estaba consumiendo su tranquilidad a cada segundo que pasaba, y el sentimiento de furia e indignación que se negaba a abandonar su interior estaba comenzando a exasperarla. Notaba la mirada de Domenico sobre ella, sabía que tenía que decir algo, cualquier cosa por tonta que pareciera, que no podía permanecer en silencio como una niña enfadada, estúpida y confusa. Se retorcía las manos en el regazo con insistencia, pensando que cualquier respuesta que diera no sería la adecuada, que metería la pata hasta el fondo, a pesar de que siempre había sabido controlar todo tipo de situaciones, porque con Domenico todo era distinto. Podía perder los nervios en un instante sin un motivo suficientemente bueno para ello siempre que él estuviera implicado, y notaba como su autocontrol, o el control sobre cualquier cosa de su entorno, se escapaba entre los dedos de sus manos como si fuera agua cuando él le regalaba una de aquellas sonrisas que derretían al mismísimo hielo. Y aquella noche el control se había escapado de sus manos, había reptado hacia la puerta y había salido por la rendija de debajo para no volver hasta mucho después, y simplemente dejó todo ir.
            -Esa maldita actitud de niña arrogante a la que le han dado todo en la vida, y que se cree con derecho de tener para sí todo aquello en lo que posa su vista si llama su atención lo suficiente, ¡a pesar de que no sea suyo! –explotó sin apenas notarlo ella misma, se levantó de la cama y se plantó a centímetros de Domenico-. Y desde luego, tú no eres suyo.
            Tiró de las solapas de su camisa hacia sí y estampó sus labios sobre los de Domenico, dándole muy poco tiempo a reaccionar. Jamás habría pensado que haría eso, ni en mil años. Si un par de días atrás le hubieran dicho que acabaría sucediendo algo así se habría reído en la cara de quien se lo dijese para a continuación largarse a seguir tranquilamente con su vida. Puede que hubiera admitido la atracción que sentía por Domenico, pero jamás pensó que sería ella la que mandaría al garete todos sus estúpidos principios y le besaría como si fuese lo único necesario para seguir viviendo. Pero, a pesar de todo, seguía repitiéndose que no era algo tan importante, que solo era una mujer, y que Domenico era demasiado apuesto para el bien y la cordura de cualquiera del género femenino, incluyendo, muy a su pesar, a ella misma.
            -¿Cassandra? –murmuró él de repente, sus labios aun tocándose pero sin moverse.
            En ese instante se dio cuenta de que había dejado de besarle cuando su mente comenzó a buscar excusas a su comportamiento. Se maldijo a sí misma interiormente, por su debilidad y por parecer estúpida, y apartó el rostro a un lado.
            -No lo hagas, Cassandra –él le giró el rostro suavemente y pasó la mano por su mejilla.
            -¿Qué no haga qué? –preguntó ella extrañada.
            -Eso –dijo señalando su rostro serio y pasando el pulgar por su ceño ligeramente fruncido-. Pensar que eres una estúpida, débil, que te has dejado caer como cualquier chica boba que se derrite ante el primer tipo guapo que la hace caso. Olvídate de eso, porque tú no eres ni serás jamás como una de esas chicas, o como cualquier chica, en realidad. Eres tú, preciosa, inteligente, desconcertante, malhumorada, pero con una sonrisa tan dulce que muchos morirían felices si fuera lo último que vieran… Eres tú, solo tú, y eso es lo que me gusta de ti.
            Cassandra estaba atónita, mirándolo como si fuera el ser más extraño que se hubiera cruzado en su vida. Su rostro se calentó en algo que hacía ya muchos años no sufría. Sonrojo. Estaba tan conmovida por lo que había escuchado que sus mejillas adquirieron un encantador tono rojizo, que Domenico adoró con cada fibra de su ser, sobre todo por ser él quien provocara algo tan poco común en ella.
            -Uh, eso puede haber sido muy empalagoso –comentó él sonriendo-. Pero sigue siendo cierto.
            Y ante eso ella no contestar nada. Su boca se negaba a cooperar, pero aun así ¿qué habría podido decir? ¿”Gracias”? ¿Habría tenido que salir con su típico “no digas tonterías”? No creía que hubiera una respuesta buena para aquello, así que simplemente permaneció en silencio. Ambos se limitaron a observarse, sin intención de moverse o hablar, hasta que Cassandra dejó escapar involuntariamente un bostezo que le hizo llevarse las manos a la boca y ampliar los ojos con sorpresa, lo que hizo reír a Domenico.
            -Me parece que necesitas dormir ya –comentó sonriendo.
            Ella asintió, y a punto estaba de darse la vuelta para meterse entre las sábanas, cuando él la alzó en volandas, provocando en ella un jadeo de sorpresa, y la dejó en la cama, depositando un tierno beso en sus labios antes de taparla con las sábanas de color melocotón.
            -¿Por qué has hecho eso? –preguntó Cassandra entré enfadada y divertida.
            -Porque sí –se limitó a responder él dedicándole una flamante sonrisa.
            Ella se encogió de hombros y se acurrucó en las sábanas mientras cerraba los ojos, notó el cambio de luz en el cuarto al apagarse esta y esperó a que sonara el ‘clic’ de la puerta al cerrarse, pero no ocurrió. Unos segundos después notó que la cama se hundía a su lado y se giró para ver a Domenico tapándose con las sábanas.
            -Pero, ¿qué…?
            -Shhh –siseó él poniéndole un dedo sobre los labios-. Duérmete.
            La atrajo hacia sí pasando un brazo por su cintura y la recostó en su pecho. Cassandra casi se quejó, casi, pero admitió para sí misma que estaba demasiado cansada y cómoda para moverse, así que no lo hizo. Murmuró un escueto “buenas noches” y cerró los ojos con cansancio.
            -Que descanses preciosa –notó el beso que Domenico depositó en su coronilla, y con un suspiro de agotamiento, se quedó dormida.



Espero que os haya gustado mucho el capítulo, porque yo solo sé que andaba emocionada escribiendo la última parte y escribía, borraba, escribía, revisaba todo, volvía a borrar, reescribía... toda una locura. Pero es que o la situación no me gustaba cómo surgía, o el diálogo me parecía muy tonto, o las escenas demasiado inverosímiles, pero mira, que después de darle mil vueltas me parece que el final ha quedado muy tierno *^*
Ahora tengo un dilema con el siguiente capítulo (SÍ, estoy como con ganas de escribir y quiero aprovecharlo jaja), y es que el despertar no lo tengo muy claro, osea el capítulo en sí creo que se cómo montarlo, tengo intención de meter pequeños flashback de la fiesta (porque lo cierto es que se sabe poco, y seguro que hay ganas de conocer detalles, porque en las fiestas SIEMPRE pasa algo jaja) y darle un poquito más de protagonismo a Alice, peeeeeeeero en el momento despertar tengo un dilema, y es, que en mente tengo dos escenas un tanto distintas. Puede ser un despertar algo así como confuso, incómodo, aunque algo más dulce por intervención de Domenico, o uno más romántico para mi gusto, pero también algo más acalorante (ya me entendéis), no demasiado y no sé hasta que punto, pero no considero esto una historia demasiado hot, así que nada muy descripctivo. Ains, no sé, tengo mis dudas, serias dudas, así que o espero a que mi cabeza quiera decidir (que eso puede llevarme un tiempo, conociéndome xD) o (y lo que yo creo mejor), hago esto un poco a demanda, osea, opináis que os parecería mejor para el momento despertar, podéis dar las ideas que queráis, comentarme cositas, todo me vale ^-^ Y así se un poco que es lo que se quiere ver en la historia y puedo escribir más acorde a ello.
Bueno, bloggeras mías, lo dejo en vuestra manos, que seguro que me sugerís lo más acertado :D
Besos mil!!!!

miércoles, 18 de septiembre de 2013

The Mortal Instruments-City of Bones

¡¡Buenas bloggeros y bloggeras! (Creo que debería limitarme al "bloggeras", la verdad, pero decir las dos cosas me mola jaja)
Bueno, hoy, voy a hacer una cosa un tanto rara.
En realidad no es tan rara, solo distinta.
El caso, dejo de decir estupideces. He decidido que voy a hacer una 'reseña literaria-valoración cinematográfica'. Todo en uno. Y, como no, tenía que ser de...



Me da que no es tan extraño, porque hace poco he leído los libros (hasta el tercero) y he visto la película, así que me he dicho ¡pues venga!
Así que en primer lugar, para el que no haya leído el primer libro, dejo la sinopsis:


Demonios, hombres lobo, vampiros, ángeles y hadas conviven en esta trilogía de fantasía urbana donde no falta el romance.


En el Pandemonium, la discoteca de moda de Nueva York, Clary sigue a un atractivo chico de pelo azul hasta que presencia su muerte a manos de tres jóvenes cubiertos de extraños tatuajes. Desde esa noche, su destino se une al de esos tres cazadores de sombras, guerreros dedicados a liberar a la tierra de demonios y, sobre todo, al de Jace, un chico con aspecto de ángel y tendencia a actuar como un idiota…


Cazadores de sombras es el título de la trilogía que se inicia con Ciudad de hueso: una fantasía urbana poblada por vampiros, demonios, hombres lobo, hadas, auténtico romance y acción explosiva. Este género está claramente en alza.Una historia oscura de amor y demonios, que atrapará a todos.

OPINIÓN PERSONAL

Los libros me gustan bastante la verdad. Algunos pueden considerarla la típica novela juvenil, con líos amorosos y críos corriendo de un lado a otro con armas y blablabla. Que sí, que es posible que lleven razón, pero para gustos los colores y a mí estos libros me gustan (no entiendo mi reticencia a leerlos hace un año xD).
Me gustan las descripciones, la narración en general, los diálogos están bastante bien, la historia no es tan típica, tampoco es una innovación revolucionaria que nos deje a todos boquiabiertos, pero es bastante distinta a lo que, yo por lo menos, he leído en cuando a fantasía y demás. En definitiva, me gusta el libro.

Los personajes
Pues Clary a veces me da un poco de rabia, pero poca cosa, y en sí su carácter, su determinación, la disposición a hacer cualquier cosa por los que quiere, su asimilación tan "calmada" de todo lo que de repente entra en su vida... Es una chica fuerte, y eso me gusta de las protas.
Jace. Oh, Jace. Es complicado de entender y tratar creo yo, pero no es que haya tenido una vida muy fácil así que se le puede perdonar. Según leía y me lo iba imaginando me moría de absoluto amor. Guapo, sonrisa picarona, determinado, algo falto de cariño en el fondo... A veces me enamoraba un poco de él jaja
Simon, el mejor amigo de Clary. Me parece muy buen chico, y me gusta bastante el personaje, y el hecho de que se implique en todas las cosas raras que le pasan a su mejor amiga y no la abandone por nada.
Isabelle. La adoro demasiado. En serio, es la típica tía con una fortaleza arrolladora, dueña de sí misma, que hace lo que quiere y sabe manejar las situaciones complicadas.
Alec, hermano de Isabelle. No tengo muy claro cómo me siento respecto a él. En el primer libro le odiaba un poquito, la verdad. Según he ido leyendo y asimilando cosas me ha ido gustando más, porque en realidad es buena persona, se preocupa por sus amigos y su familia y tiene un secreto que La Clave (la organización a la que pertenecen los cazadores de sombras) no aceptará con facilidad, así que es normal que a veces sea cerrado.
Hay bastantes más personajes personajes. Están Hodge (algo así como el encargado de enseñar a los chicos), Jocelyn (madre de Clary), Luke (amigo de Jocelyn), Magnus Bane (acabaréis adorando al Gran Mago de Brooklyn)... Y por último menciono a Valentine, el malo malísimo, como diría mi madre jaja El odio que siento hacia ese hombre es indescriptible. Según pasas los libros como que entiendes un poco su punto de vista. Yo por lo menos no lo acepto, pero lo entiendo, porque La Clave tiene lo suyo, no son ningunos santos tampoco.
Y bueno, este libro (y en general la saga) tiene acción, unos embrollos amorosos del tipo a X le gusta Y, a Y le gusta Z, a W también le gusta Z.... Bueno y algún a A le gusta B y a B le gusta A pero pasan cosas.... jaja He liado mucho las cosas simplemente para decir que hay complicaciones en el tema romántico.
En definitiva, recomiendo leerlo porque no es muy largo, entretiene bastante y la historia en cierto punto llega a atraparte, aunque hay cosas claramente predecibles, pero yo creo que ya es difícil encontrar un libro en las que no haya bastantes cosas que se adivinen en seguida.
No voy a decir nada más, porque tengo algo difusa la línea entre el primer y el segundo libro, y si sigo me emociono y acabo haciendo spoilers ;P Pero, en fin, que recomendo el libro.

¡Ahora la película!


A quien no se haya leído el primer libro y tenga intención de hacerlo, no le recomiendo leer lo siguiente, porque para valorar la película bien tengo que hacer muchos spoilers, y no quiero fastidiarle la lectura a nadie, que yo odio cuando me hacen eso.
Así que a partir de aquí quien siga leyendo lo hace bajo su responsabilidad, nada de quejas por spoiler.
¡Allá vamos!

La verdad es que tenía muchas ganas de ver la película, porque quería ver en pantalla lo que me había gustado tanto en el libro.
Empecemos por los actores y sus papeles.
Isabelle, por ejemplo, me ha parecido muy acertada, para mi criterio la actriz tiene el físico y la fuerza que se necesita para interpretar a una chica así, por lo que con respecto a ella no tengo queja. Alec más o menos era como me lo esperaba, tal vez algún rasgo diferente, o el pelo de otra manera, no sé, pero en esencia es como imaginaba que sería. 


Están otros personajes como Hodge y Jocelyn que me parecen actores bastante acertados, ahí no tengo queja (aunque me sorprendió ver a Lena Headey como Jocelyn acostumbrada a verla como Cersei Lannister, creo que el personaje y el color de pelo le sientan bien). Y con Luke tampoco estoy decepcionada, aunque en mi mente era de otra manera, pero no tengo queja con el actor.


Para Simon me gustó bastante que cogiesen a Roberts Sheehan, porque me encantó en Misfits y fue una agradable sorpresa encontrármelo en la peli. Y Valentine es otro que se las trae, porque Jonathan Rhys Meyers para mí es un hombre realmente sexy (solo hay que verle en Los Tudor), y verle en el papel de Valentine me decepcionó un poco, porque tenía una imagen bastante distinta de él, pero bueno, una no se puede quejar mucho viendo en pantalla a semejante hombre jaja


Y Magnus Bane me encanta demasiado. En mi cabeza PARA NADA era así, pero creo que han hecho una gran elección con el actor, no sé porque exactamente, pero me gusta.

Era necesario que saliera con Presidente Miau jaja

Y solo me quedan Clary y Jace. Lily Collins en mi opinión no es excelente y perfecta para el papel, pero tampoco encaja mal, así que estoy bastante satisfecha en ese aspecto. Pero claro, tú llegas, esperando ver en pantalla a Jace en todo su esplendor, hermosísimo, y te encuentras con... Jamie Campbell Bower. A ver, en realidad yo todos los actores sabía quienes serían porque lo miré, vi fotos, los anuncios... era imposible no saber quiénes iban a ser. Pero es que... ¿no había actores en el mundo que le tuvieron que coger a él? Empezando porque tiene una cara... rara, osea no es feo pero no es guapo, es extraño. No me pega con el personaje, pero nada se le puede hacer a eso, así que hay que aguantarse.


Y me meto ya en la película en sí que veo que no termino nunca.

Cuando terminé de verla estaba decepcionada, para qué mentir. 
Lo cierto es que no empezó mal, aunque algunas cosillas las variaran en relación a la sucesión de escenas, y cosas así, pero es algo que no se puede evitar porque es totalmente imposible plasmar un libro al 100% en la película. La salida a Pandemonium, cuando van a ver al amigo de Simon en la cafetería, el ataque a Jocelyn, el encuentro con Jace, cuando Clary llega a casa -que aunque no me disgustó pero quedé con ganas de ver a Clary cargándose al demonio metiéndole en la boca el aparatejo que le cogió a Jace (no recuerdo cómo se llama xD). Pues eso, que es bastante aceptable todo, la escena en el invernadero es preciosísima y me encantó demasiado *-* Adoro lo dulce que es Jace en algunos momentos tipo:


 Lo cierto es que gran parte de la película es bastante parecida al libro, o al menos lo suficiente. También me disgustó que Simon no se convirtiera en rata cuando ocurre todo el lío de los vampiros. Y lo de que fueran todos, no solo Jace y Clary, a rescatarle pues también se lo sacaron del forro, pero como la pelea me gustó les pasó ese fallo jaja
Pero claro, luego llega la parte final, cuando aparece Valentine, y deciden que les apetece inventarse la mitad de las cosas y que revelar datos de libros posteriores es una cosa muy guay y lo van a hacer, así de claro. 
Desde luego lo peor fue lo de sacar de la nada que los demonios entren en El Internado, cuando en los libros -o por lo menos lo que llevo leído- los demonios NO entran al Internado nunca!! En serio, qué clase de broma fue esa ¬.¬
Luego seguimos con el hecho de que Hodge le dice a Valentine que haga creer a Jace que es su hijo para que su relación con Clary sea imposible porque son hermanos y así los hace sufir. Osea... ¿en serio? En el libro se dice que SÍ son hermanos. Que luego por detrás haya un plan malévolo de Valentine todavía no lo sé porque no he llegado tan lejos con la lectura. ¿Qué es posible que no sean hermanos? Pues sí, mira, es de esas cosas que te pasas libro tras libro rogando porque quieres que acaben juntos, porque son perfectos el uno para el otro y se quieren, pero en el primer libro eso no sale, así que no sé a santo de qué lo sacan en la película. Igual que lo de dar pistas sobre el vampirismo de Simon, que esto qué es!!! Y yo quería ver a los hombres lobos atacando Resucitados, era algo que me hacía mucha ilusión en plan lucha guay. ¿Y lo de que Valentine tenga que convencer a Jace de que es su padre? En los libros nada más verle se va con él porque es el hijo que adora a su padre sin medida hasta que ve que puede dañar a Clary. Y Clary viéndose obligada a beber de la copa, que también da pistas sobre que ella es especial y sobre los experimentos de Valentine. ¡Y Clary no es capaz de inventar runas hasta más adelante! ¡¿Por qué se inventan las cosas?!

En lo esencial los fallos gordos ya los he dicho, porque las pequeñas cosas no hay que tenerlas mucho en cuenta. En sí la película, si no te has leído los libros, está genial, porque está bien hecha y tiene acción, amor, confrontaciones familiares... ¡Está muy bien! Pero si has leído el libro al terminar se te viene a la cabeza un gran ¡¿WTF?!


Pues nada, hasta aquí esta eterna entrada, que me he tirado escribiendo alrededor de dos horas. Si alguien ha llegado hasta aquí, muchas gracias un besazo enorme, puedes levantarte ahora mismo, frotarte los ojos y beber algo porque esto ha sido intenso jaja

Un saludo♥

sábado, 14 de septiembre de 2013

Capítulo 14 (BR)

Dos golpes rápidos e impacientes sonaron en la puerta de la habitación de Cassandra.
            -Adelante –gritó mientras estaba parada frente al espejo de cuerpo entero.
            Alice entró como un huracán en la habitación, sonriendo y saltando descalza. Llevaba el pelo rubio rizado y sujeto en un lateral de la cabeza, con mechones brillantes escapando de las horquillas, y los zapatos en la mano, unas finas sandalias de color verde menta, de tacón de aguja y tiras entrecruzadas de satén. Cassandra rio para sí misma y observó el vestido que llevaba Alice. Lo había comprado el día anterior, cuando ella misma buscaba qué ponerse para la fiesta. La sonrisa de la joven fue tal cuando se vio con él puesto que se sintió obligada por su propia conciencia a comprárselo como regalo de cumpleaños, con el incentivo, claro, de que no era exageradamente caro. La tela verde menta se deslizaba por el cuerpo de Alice como una segunda piel, el corpiño se ajustaba perfectamente, con escote corazón decorado con pedrería plateada por el contorno del pecho, ceñido hasta la cintura, a partir de donde salían capas de gasa verde que flotaban a su alrededor ligeras y suaves, entrecruzándose entre sí.
            -Agradezco enormemente no haberle enseñado a mi madre el primer vestido que me compré. Me obligaría a ponérmelo y devolver esta preciosidad –fingió una graciosa cara trágica.
            -Estás increíble. Me alegro de haberlo comprado. Feliz cumpleaños.
            -Gracias por la felicitación. De nuevo –añadió riendo-. ¡Y por el vestido! –exclamó entusiasmada-. Es alucinante, y no voy a negar que me queda bien –le guiñó burlonamente-, ¡pero tú estás despampanante!
            Cassandra se miró en el espejo. El vestido que llevaba puesto era de un intenso azul verdoso, de una seda ligera y brillante que se moldeaba a lo largo de su cuerpo. Un revelador corte que llegaba hasta el muslo dejaba ver casi toda su pierna derecha y la espalda era descubierta hasta las lumbares, con tan solo dos tiras plateadas sujetando el vestido que le daban un toque inesperadamente elegante. Por delante se ceñía a su pecho, con algunos pliegues y brillos plateados, que hacían del vestido una auténtica obra maestra.
            -No habrá quién aparte la vista de ti en toda la noche, estoy convencida –Alice se sentó en la cama para colocarse las sandalias, mientras Cassandra seguía mirándose en el espejo con el ceño fruncido.
            -No sé cómo me convenciste para comprármelo –suspiró.
            Alice levantó la vista cuando terminó de ponerse la sandalia izquierda y cogió la derecha. Miró a su amiga y sonrió dulcemente.
            -Porque te queda espectacular, y lo sabes. Viviana siempre tiene los mejores vestidos –dijo refiriéndose a la dueña de la tienda de ropa.
            Ambas permanecieron en silencio un rato, calzándose, pensando y mirándose en el espejo.
            -¡No! –exclamó repentinamente Alice.
            -¿Qué? –Cassandra se giró alarmada, con una mano en la cabeza sujetando su pelo.
            -¡Ni se te ocurra hacerte uno de esos moños estirados! Aprisionar así tu pelo debería ser delito. Mataría porque fuera mío –se levantó de la cama y le apartó las manos del pelo-. Déjame a mí.
            -Alice –trató de replicar.
            -Siéntate y no digas ni una palabra más.
            Alice salió de la habitación prácticamente corriendo y volvió con mil cosas para el cabello. Sonrió al ver a Cassandra donde la había dejado. Ella rodó los ojos cuando la vio entrar por la puerta.
            -No deberías haberte vestido antes de peinarte –la reprendió a la par que la cubría con una toalla.
            Cassandra soltó una pequeña risita de rendición y se dejó hacer.

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            Daban las diez cuando los últimos invitados, los más rezagados, entraron por la gran puerta del casón de los Di Gennaro, viéndose envueltos en un ambiente festivo y alegre. Al principio de la noche, cuando Alice estaba de un lado para otro dando órdenes y colocando cosas, Cassandra había tratado de seguirla y ofrecer su ayuda, pero no tardó mucho en cansarse y refugiarse en la cocina, donde Apprile y Carola hablaban con Beatrice, la tía de Alice. Pero en ese momento la fiesta estaba en pleno apogeo y nadie conocido podía darle conversación mientras se escondía por los rincones de la casa, tratando de pasar desapercibida entre tanta gente que desconocía.
            -Permítame decirte que tus planes de no ser notada están fracasando estrepitosamente –la voz de un hombre sobresaltó a Cassandra, que lo miró con sorpresa y confusión durante unos segundos.
            -¿Perdona…?
            -Stefano Cacciatore, encantado –le besó la mano con gesto elegante-. Vecino de la anfitriona de la fiesta. ¿Y tú eres…?
            -Cassandra Diamantidis –sonrió cortésmente.
            Stefano parecía agradable, de físico típicamente italiano, con su metro ochenta de altura, los ojos castaños y el pelo ondulado de un rubio oscuro.
            -¿Amiga de la dulce Alice? –trató de suponer él.
            Cassandra dudó unos instantes. Desde luego era mucho más fácil declararse amiga de Alice que explicar la loca situación con Domenico que la llevó a estar allí.
            -Sí, algo así.
            -Pues déjame decirte, Cassandra –enfatizó en su nombre-, que eres tremendamente herm…
            -¡Hermano! ¿Cómo tú por aquí?
            El chico que se acercó a ellos era más joven que Stefano, quizá de la edad de Alice, pero muy parecido a él, a diferencia de los ojos azules.
            -Lo mismo digo, Giulio. ¿Cómo no estás poniéndole ojitos a alguna joven impresionable de la fiesta?
            El chico rodó los ojos y miró en dirección de Cassandra, ignorando a su hermano.
            -Tú debes de ser Cassandra, ¿no es cierto? –le dedicó una sonrisa tan dulce que podría competir sobradamente con las de Alice.
            -Eh… sí, ¿cómo…?
            -Alice me pidió que te buscara y te diera conversación, puesto que no conoces a nadie aquí –guiñó un ojo bromeando-. Según sus explicaciones, tan solo tenía que buscar a una despampanante pelirroja con un vestido aún más despampanante.
            -Si tuviera el pelo castaño no me habrías encontrado jamás –susurró ella riendo.
            -Oh, no creas, el término despampanante hace muy fácil la búsqueda.
            Cassandra no podía evitar reírse. Giulio era uno de aquellos jóvenes a los que los piropos les salían como algo natural, sin segundas intenciones si ellos no querían dárselas.
            -Si tus conversaciones normales implican tantos halagos ya entiendo porque le caes tan bien a Alice –con él era fácil no dejar de sonreír.
            Stefano carraspeó.
            -Oh, a mi hermano le fastidia sobremanera que se olviden de su presencia –susurró Giulio al oído de Cassandra.
            -Lo lamento, Stefano. Todo es culpa de la labia de tu hermano –lo acusó en broma.
            -Ah –el joven fingió sentirse ofendido-. Pues me voy en busca de compañía que aprecia mi labia –se giró y dio un par de pasos-. Hasta luego, preciosa –se dio la vuelta unos segundos y le guiñó un ojo a Cassandra.
            -Y ese es mi hermano pequeño –dijo Stefano con cierto fastidio-. Le quiero, pero hasta los muertos se cansarían de su charlatanería.
            -Es un joven muy alegre, me recuerda a Alice –comentó ella.
            -Desde que eran pequeños han sido muy amigos –pegó un sorbo de su vaso-. Las travesuras suelen unir mucho a los que las realizan juntos.
            -Estoy de acuerdo en eso –asintió ella recordando su infancia con Lorraine.
            Stefano sonrió.
            -¿Y piensas seguir escondida toda la noche en este rincón del salón?
            -No, en realidad no –vaciló un poco al principio-. Pero no conozco a nadie. Llevo solo unos días en Italia.
            -Desde luego no tienes aspecto de italiana, pero tu acento es impecable –la alagó-. ¿De dónde eres?
            -Esa podría ser una larga historia –bromeó ella-. Padre griego, madre española… con un abuelo irlandés, creo recordar.
            -De ahí el cabello rojo, ¿no?
            -Seguramente.
            -España no queda lejos, ¿sueles visitar Italia?
            -No, prácticamente nada. Vivo en Nueva York –a pesar de lo agradable de la conversación, comenzaba a tener ganas de escaparse a la cocina, beber algo y alejarse unos instantes del ruido de la fiesta.
            -¿Has viajado desde tan lejos solo para asistir a una fiesta de cumpleaños? –exclamó asombrado.
            -Oh, no, para nada, tenía que atender temas del trabajo aquí. Esto ha sido algo no planeado.
            -¿Y de qué conoces a Alice?
            -Eemmm… Pues…
            Cassandra lo miró durante unos instantes, pensando cuál sería la mejor manera de escapar sin resultar maleducada. Después de todo, los Cacciatore eran buenos amigos de los Di Gennaro, y no podría mostrarse tan borde como solía serlo cuando estaba hastiada de ciertas compañías. Su mente pasaba de una excusa a otra, sin ser ninguna lo suficientemente buena como para salir de allí sin tener que contestar antes a la pregunta. Y a punto estaba de simplemente excusarse con ir al baño cuando una voz conocida la salvó de tener que decir una excusa tan patética.
            -Hey, hola, Cassandra. Con tanta gente por aquí no te había visto.
            Ella suspiró aliviada sin ni siquiera darse cuenta.
            -Oh, buenas, Domenico. Es difícil encontrar a nadie con tanta gente –sonrió-. Estaba aquí hablando con Stefano.
            El mencionado sonrió y le tendió la mano a Domenico.
            -Hacía ya mucho que no nos veíamos, amigo mío.
            -Varios meses, si no recuerdo mal. Ya sabes, los negocios.
            -Claro.
            Cassandra se percató de que ambos estaban retándose con la mirada, de la manera más sutil y amistosa posible, pero sin duda había cierta tensión.
            -Bueno, creo que os dejo poniéndoos al día con vuestras cosas –intervino-. Voy a mi cuarto a coger algo que he olvidado.
            Comenzó a girar sobre sí misma para dirigirse a las escaleras, que quedaban a su espalda, cuando Stefano volvió a hablarle.
            -¿Tu cuarto? –preguntó confundido.
            -Sí –el que contestó fue Domenico-. Se queda aquí mientras disfruta de Siena, al fin y al cabo, tenemos habitaciones de sobra.
            Ella pasó la mirada de uno a otro y sacudió la cabeza casi imperceptiblemente.
            -Voy a mi habitación –repitió-. Hasta luego.
            -Espera Cassandra, te acompaño –exclamó Domenico caminando hacia ella-. Tengo que ir arriba también.
            Ella lo miró seriamente durante unos segundos y a continuación hizo un gesto despreocupado con los hombros.
            -Como quieras –suspiró pesadamente-. Un placer, Stefano, hasta luego –se despidió con una sonrisa y giró sobre sí misma.
            Subió las escaleras deprisa, sintiendo los pasos de Domenico detrás de ella. No pensaba entretenerse mucho, tan solo cogería su móvil, comprobaría si su madre o Lorraine habían estado llamando y volvería abajo a buscar a Alice. O Apprile o Carola, en realidad cualquiera de las mujeres Di Gennaro la haría sentirse un poco mejor.
            -¿Cassandra? –Domenico la sorprendió tomándola del brazo.
            -Eeeh, ¿sí?, ¿qué ocurre? –estaba ansiosa por escapar de él y meterse en su habitación.
            -¿Todo bien? –preguntó, su rostro estando tan serio que extrañó realmente a Cassandra.
            -Claro, ¿por qué no iba a estarlo?
            Él no contestó y se limitó a mirarla.
            -Esto… tengo que coger algo de mi cuarto, te veo luego –entró rápidamente y cerró la puerta detrás de ella.
            Eso había sido raro, muy raro. Cogió el móvil de la mesilla y miró el registro de llamadas: dos de Lorri, seguramente para comentar algo de la boda, tres de su madre y un par más de su hermano Tomás. Esto último le resultó muy extraño, ya que sus hermanos no solían llamarla si no era para pedir algo. Pulsó el botón de rellamada y esperó tres tonos hasta que descolgaron.
            -¿Diga? –la voz de un niño sonó al otro lado del teléfono.
            -Tomás, soy Cassandra, ¿por qué me has llamado? ¿Ha pasado algo? –su voz sonaba más preocupada de lo que ella quería que fuera.
            -¡Cassie! Soy Lucas, Tomás está durmiendo –susurró.
            -¿Qué ha pasado, Lucas? Nunca me llamáis simplemente para hablar conmigo.
            -No has hablado con mamá, ¿verdad? –sonaba cauteloso.
            -No, no he hablado con mamá. ¿Qué habéis hecho ahora? –todo aquello olía a travesura.
            -Bueno, es que… todo fue culpa de Tomás –se apresuró a decir.
            -Lucas, ¿qué ha pasado? Siempre dices que fue culpa de Tomás -“y en cierto modo tienes toda la razón” pensó, pero no se lo dijo a él.
            Lucas no era mal chico después de todo, pero estar las 24 horas del día con su gemelo solía implicarlo en todas las travesuras de este, y aunque no fuera el que planificara todo, solía simplemente dejarse llevar.
            -Es muy tarde Cassie, me voy a ir a dormir, ya hablarás con mamá. Pero, por favor, no te enfades con nosotros. Te queremos –y colgó sin darle tiempo a decir nada más.
            Emitió un bufido muy poco femenino y se dejó caer en la cama.
            -¿Y ahora qué narices han hecho esos pequeños demonios? –se dijo para sí misma en voz alta.
            -¿De qué demonios hablamos? –la voz de Domenico justo a sus espaldas la sobresaltó enormemente.
            Soltó un pequeño grito y cuando se dio la vuelta para enfrentarlo le golpeó en el pecho.
            -¡No vuelvas a hacer eso! ¡Me has asustado!
            -Lo siento –se disculpó él-. Pero, ¿qué ha pasado? ¿Con quién hablabas? Sonabas preocupada.
            -¿Ahora te dedicas a espiar mis conversaciones, Domenico? –no sonaba nada contenta.
            -No, no, perdóname, es que venía a comprobar si seguías aquí y te escuché hablando. Parecías tan alterada que me preocupé.
            Ella le miró entrecerrando ligeramente los ojos, pero finalmente los puso en blanco e hizo un gesto despreocupado con la mano.
            -¿Sabes todo lo que te quejas de tu hermana? –él asintió dubitativo-. Mis hermanos son 20 veces peores, te lo aseguro.
            Domenico emitió una carcajada.
            -¿Hermanos pequeños? Esos siempre son los peores.
            Cassandra rio con él, a pesar de que aún estaba algo preocupada. Llamaría a su madre al día siguiente, pero hasta entonces prefería no pensar en qué problema podían haber causado sus hermanos.
Ninguno de los dos dijo nada durante un par de minutos, y fue durante ese tiempo cuando ella recordó lo que había ocurrido en su habitación un par de noches antes, y el día anterior en el restaurante. Eso la puso realmente nerviosa, y estaba dispuesta a salir de la habitación cuanto antes cuando Domenico carraspeó.
            -¿Qué tal lo estás pasando en la fiesta? –su tono era falsamente despreocupado.
            -Bien, genial. Tu familia sabe dar unas fiestas encantadoras.
            -Sí, se te veía entretenida hablando con Stefano –¿aquel filo en su voz eran celos?
            -Bueno, perdí a Alice en algún momento de la noche, así que pensé que conocer gente sería entretenido –mintió.
            Nunca le había gustado interactuar con desconocidos en las fiestas, pero no quería decirle eso a Domenico, era mejor que pensara que había estado hablando con gente sin ningún problema.
Él asintió, medio sonriendo. Sabía que había mentido. Había estado observándola gran parte de la noche, y había visto como se escondía en un rincón evitando por todos los medios compañías desconocidas. Cuando se percató de que estaba hablando con Stefano se dispuso a acercarse a ellos, pero entonces llegó el joven Giulio y decidió esperar. Cuando de nuevo se quedaron solos no pudo evitar interrumpir la conversación, sobre todo porque, a pesar de que no hacía mucho que conocía a Cassandra, sabía leer alguna de sus expresiones, y en esos instantes no se veía muy cómoda hablando con el mayor de los Cacciatore. Pero guardó silencio, no había necesidad de decirle que sabía que no estaba diciendo la verdad.
            -¿Has conocido mucha gente entonces? –no pudo resistirse a preguntar.
            -No, no tanta –guardó silencio unos instantes pero ante la mirada de él se vio obligada a continuar-. Y… también he conocido a Giulio. Es un joven encantador.
            -Oh, sí, el pequeño de los hermanos. Él y Alice son buenos amigos desde niños.
            -Sí, Alice me lo dijo.
            Él aprovechó la pausa para acercarse a ella, centímetro a centímetro, la intención era clara.
            -Bueno… pues… -casi ronroneaba- ¿preparada para volver a la fiesta o…?
            -¡Domenico! –una voz femenina le cortó y provocó que se separara bruscamente.
            En la puerta apareció una chica joven, unos años mayor que Alice, seguramente, con el cabello castaño y los ojos de un intenso azul claro. Llevaba el pelo liso trenzado a un lado de la cabeza y los labios de un intenso rojo, que hacían juego con su vestido largo de seda que marcaba todas sus curvas, aunque estas no fueran muchas ni muy pronunciadas, y se sujetaba por dos tirantes anchos que descendían por el cuello en pico hasta llegar a un revelador escote.
            -¿Lara? –Domenico parecía sorprendido cuando la joven se echó en sus brazos-.
¿Qué haces aquí?
            -Stefano me dijo que estabas arriba y con tanta gente parecía imposible encontrarte, así que subí a saludarte –mostró una deslumbrante sonrisa y le abrazó con más fuerza.
            -Ah, claro, Stefano te lo dijo –comentó no muy feliz.
            -Eso he dicho, tonto –gritó ella coquetamente.
            -Ya –se limitó a contestar.
            Unos segundos después, se recuperó de la confusión y se percató de que Cassandra seguía allí de pie, mirando con una mezcla entre desconfianza y fingida indiferencia.
            -Cassandra –se separó de la joven y se acercó a ella-, esta es Lara Cacciatore, hermana de Stefano y Giulio.
            De ahí los ojos azules, pensó.
            -Lara –se giró hacia ella-, ella es Cassandra Diamantidis.
            -Encantada de conocerte –se apresuró a decir la joven castaña con exagerada amabilidad.
            -Encantada –la imitó Cassandra sin mucho ánimo.
            Esa chica tenía algo que no le gustaba. Era demasiado amable, demasiado consciente de cada paso de daba y cada palabra que salía de sus labios, y eso no le gustaba nada.
            -¡Ay, Domenico! –ignoró completamente a Cassandra de nuevo y se volvió hacia él-. Podría contarte mil cosas sobre el tiempo que hemos estado sin vernos. Deberías pasar más por Siena –aquello último tenía tono de juguetona reprimenda.
            -He estado muy ocupado, ya sabes el trabajo…
            -Oh, claro, siempre el trabajo. Deberías tomar más vacaciones, todos te echamos de menos por aquí –se lanzó de nuevo a abrazarle.
            Cassandra carraspeó.
            -Bueno, creo que vuelvo a la fiesta –comenzó a caminar hacia la puerta.
            -Esp… -trató de decir Domenico.
            -Encantada de nuevo, luego nos vemos –se despidió Lara en voz suficientemente alta como para tapar la de él.
            Cassandra no se dio la vuelta, simplemente continuó andando hasta que salió de la habitación. Sabía que se había ganado una enemiga, pero no le importaba en absoluto. Estaba acostumbrada al odio de algunas mujeres, y no le molestaba lo más mínimo, pero lo que esa pequeña castaña no sabía era que sabía de defenderse de las arpías, y que Cassandra Diamantidis no se dejaba intimidar por niñas ricas.

La parte más profunda y sensata de su mente trataba de decirle que no había motivo alguno por el que cabrearse, que Lara no había hecho nada que debiera molestarla. Pero quizás no insistió lo suficiente en ello, y para cuando Cassandra había terminado de bajar las escaleras un pequeño sentimiento de furia se había instalado en su interior.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Empiezan los exámenes

¡¡Muy buenas!! Bueno, pues ahora mismo estoy entrando al primer examen de recuperación. Me imagino que estaré nerviosa a más no poder y tratando de recordar que es necesario invertir una matriz para sacar su constante en un sistema (en serio, necesito acabar ya con esto, mi cerebro esta hecho de números y letras estos días y va a estallar xD).
El caso, que programo esta entrada porque parece que cuando menos tiempo tengo más necesidad siento de escribir, así que hace un par de días se me ocurrió un relatito, nada muy largo ni muy importante, solo algo para mantener el blog vivo. Así que deseadme mucha suerte y aquí os dejo lo que he escrito (que por cierto carece de título porque ninguno me terminaba de gustar, si se os ocurre alguno me encantaría que lo comentarais :D) Un saludo♥


Tú, extraño morador de mi interior, que te crees con derecho a retorcer mis entrañas. Tú, que te ves con derecho de ostentar el poder de controlar mi corazón. Tú, que estás convencido de que no habrá consecuencias por tus acciones egoístas. Tú, sí, tú, ese desconcertante ser que se deslizó por mis poros como un veneno.
¿Y realmente quién crees que eres para instalar una bomba en mi interior y llevarte el detonador contigo? ¿Por qué te crees con derecho de arrasarme desde dentro como si fuera de tu propiedad? ¿Cómo eres capaz de mostrar un egocentrismo así? Tan grande como el universo mismo.
Y estás muy equivocado al pensarte el Sol alrededor del cual giran los planetas. Yo no soy tu Venus particular, casi tan ardiente como Mercurio pero lo suficientemente lejana para verte en la necesidad de atraparme, no. Soy yo la que posee la atracción, la imperturbable que no se mueve de su lugar. Y si de centros hablamos eres tú el que gira alrededor, sin oportunidad de deshacerte de mi influjo. Eres la Tierra que necesita de mi calor para subsistir, pero absorbes mi energía apagándome poco a poco. Esa es nuestra triste realidad. Y cuando mi luz se apague, tú dejarás de existir, todo será cuestión de tiempo, y el tiempo nunca se detiene.
Y hasta entonces, sigues debilitándome desde dentro, tomando cada pedazo de mi ser para fortalecer el tuyo. Pero nunca olvides que los trozos disparejos nunca resultarán encajantes, nunca reconstruirás tu interior deshaciendo en pedazos el mío. No hay posibilidad de recuperación para ti, y te regocijas en mi destrucción, infame ser de negro corazón.
Pero llegará el día en que mis entrañas ahoguen tus carcajadas de satisfacción, llegará el día en el que esta fatal necesidad de ti deje de dirigir mis pensamientos, relegándote al rincón más oscuro y profundo de mi mente. Porque esta lucha interna que se libra en mi cuerpo tendrá un final, y la parte más sensata, la conoce la verdad sobre ti, prevalecerá en esa absurda guerra en la que le impuso a participar la parte más estúpida de mí, por muchas batallas que pierda, por mucha veces que el deleite quiera prevalecer ante mi sensatez.
Y es que soy solo una diminuta estrella en la inmensidad del universo, pero este Sol no necesita de esa Tierra, y mi interior no necesita de tus falsas promesas. Tan solo dejaré que robes fragmentos de mi ya maltratado y destrozado corazón, pero nunca te apropiarás de mi alma.
Porque será ella la que te aplaste cuando todo llegue a su fin.